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miércoles, 17 de abril de 2013

DEEP ECOLOGY

by patriciausle Otra mirada: reflexión del pensador budista Satish Kumar, sobre el entendimiento de la Naturaleza a través de lo que el llama ”ecología profunda”. Puede ser interesante para situarnos en el tema. Esta visión del mundo esta muy ligada a la Teoría del Decrecimiento, un movimiento filosófico actual nacido en Francia, cuyo fundador es Serge Latouche. Recomiendo ver alguna de sus entrevistas en youtube. Enfoca el consumo y la economía de una manera que nos puede ser de mucho interés para el tema de las Islas de Consumo.

ENTREVISTA Bruno Latour es un intelectual con una mirada ácida y provocadora de la sociedad, la globalización y el medio ambiente.

Por Miguel Mora.

 Fotografía de Manuel Braun.

 ¿Ha servido para algo el activismo ecológico?
 ¿Han forjado los verdes una política común? 
¿Escuchan los políticos a los científicos cuando alertan sobre el cambio climático?
 ¿Puede la Tierra soportar más agresiones? 

El sociólogo, antropólogo y filósofo francés Bruno Latour (Beaune, 1947) lleva más de 20 años reflexionando sobre estos asuntos, y su pronóstico es desolador.
A su juicio, la llegada de los ecologistas a la política ha sido un fracaso porque los verdes han renunciado al debate inteligente, los políticos se limitan a aplicar viejas recetas sin darse cuenta de que la revolución se ha producido ya y fue “una catástrofe”: ocurrió en 1947, cuando la población mundial superó el número que garantizaba el acceso a los recursos.

Según Latour, es urgente poner en marcha una nueva forma de hacer ecología política, basada en una constitución que comprometa a gobernantes, científicos y ciudadanos a garantizar el futuro de la Tierra. Esta idea es una de las propuestas de su libro Políticas de la naturaleza.

Por una democracia de las ciencias, publicado en Francia en 1999 y que ahora edita en español RBA. Latour, aire de sabio despistado, recibe a El País Semanal en su caótico y enorme despacho del Instituto de Estudios Políticos de París, del que es director científico y director adjunto desde 2007.

PREGUNTA: Este libro se publicó en Francia hace ya 14 años. ¿Sigue suscribiendo lo que escribió? 

RESPUESTA: Casi todo, sí. Pero las cosas no han mejorado. He seguido trabajando en lo mismo, pero con otro tono. Hoy debo de ser el único que se ocupa de estas cuestiones, de una filosofía política que exige una verdadera política ecologista. Lo que no ha funcionado es que pensé que iba a ser un libro fundador para los ecologistas. ¡Y ha sido un fracaso total! Los ecologistas han desaparecido.

P: En Francia al menos hay verdes en el Gobierno.

R: Sí, pero tienen una visión muy estrecha de la ecología, no reflexionan ni sobre la economía ni sobre la sociedad. La ecología está limitada a las cuestiones de la naturaleza, cuando en realidad no tiene nada que ver con eso.
Hay que elegir entre naturaleza y política. Desgraciadamente, se ha intentado hacer una política ecologista que no ha producido nada bueno porque se ha basado en la lucha tradicional, que tenía como objetivo torpedear la política o, mejor, someterla; en cierto modo, los verdes actúan como un tribunal que trata de definir una especie de soberanía.

P: ¿De superioridad moral o natural? 

R: Sí, pero sobre todo de estupidez. 
Evidentemente, el tomar la naturaleza como un fin no ha hecho más que debilitar la posición de los ecologistas, que nunca han sido capaces de hacer política; en fin, auténtica política en el sentido de la tradición socialista, en la que se hubieran debido inspirar. No han hecho el trabajo que el socialismo primero, el marxismo después y luego la socialdemocracia hicieron. No ha habido, para nada, un trabajo de invención intelectual, de exploración; han preferido “el escaparate”. Puede que no hubiera otra solución, pues no estaba escrito que la ecología se fuera a convertir en un partido.

P: ¿Entonces el ecologismo es hoy una especie de activismo sin conexión científica? 

R: Ha habido movimientos interesantes gracias a una casuística muy concreta, importante en lo que concierne a los animales, las plantas, los dientes de los elefantes, el agua, los ríos, etcétera. Han mostrado además gran energía en las cuestiones locales, pero sin afrontar las cuestiones de la política, de la vida en común. Por eso el ecologismo sigue siendo marginal, justo en un momento en que las cuestiones ecológicas se han convertido en un asunto de todos. Y se da una paradoja: la ecología se ocupa de temas minúsculos relacionados con la naturaleza y la sociedad mientras que la cuestión de la Tierra, la presencia de la Tierra en la política, se hace cada vez más apremiante. Esa urgencia, que ya era acuciante hace 10 o 15 años, lo es mucho más ahora.

P: ¿Quizá ha faltado formar una Internacional Verde?
 R: No se ha hecho porque los ecologistas pensaban que la Tierra iba a unificar todos estos movimientos. Han surgido un montón de redes, basadas en casos concretos, como Greenpeace. Hay asociaciones, pero nada a nivel político. La internacional sigue siendo la geopolítica clásica de los Estados nación. No ha habido reflexión sobre la nueva situación. Existe una ecología profunda, deep ecology, en Francia prácticamente inexistente, que ha tenido un papel importante en Alemania, en los países escandinavos y en Norteamérica. Pero está muy poco politizada.

P: Estamos ante un fracaso político y ante una mayor conciencia de los científicos. ¿Y los ciudadanos? 

R: Paradójicamente, esa dolorosa pelea sobre el clima nos ha permitido progresar. En cierto modo, la querella ha tenido un papel importante en una “comprensión renovada” por parte del público de la realidad científica. El problema es que intentamos insertar las cuestiones ecológicas en el viejo modelo “ciencia y política”. Desde este punto de vista, incluso los científicos más avanzados siguen intentando poner estas cuestiones dentro del marco de esa situación superada que intento criticar. Este es el tema del libro, y en ese sentido sigue de actualidad.

P: En Francia hay una identificación entre ecologismo y territorio. José Bové, por ejemplo, es un proteccionista a ultranza. Es rara esta evolución de la ecología hacia el nacionalismo, ¿no?

R: Sí, pero al mismo tiempo es útil e interesante replantearse lo que es el territorio, el terruño, por usar la palabra francesa. Los ecologistas siempre se han mostrado indecisos sobre el carácter progresista o reaccionario de su apego a la tierra, porque la expresión en francés puede significar cosas muy distintas. Pero es importante, porque es una de las dimensiones de la cuestión ecológica, tanto de la progresista como de la arcaica. Ese era uno de los objetivos fundamentales del libro, saber si hemos sido realmente modernos alguna vez. Hay aspectos regresivos en el apego al terruño, y a la vez hay otros muy importantes sobre la definición de los límites, de los entornos en los cuales vivimos, que son decisivos para el porvenir.
Una vez más, los verdes han omitido trabajar esa cuestión. Pero el problema de la orientación, de la diferencia entre el apego reaccionario o progresista a la tierra, es fundamental. Si vemos movimientos como Slow Food, nos preguntamos si están adelantados o retrasados, porque tienen aspectos regresivos. Pero si se piensa en el tema de los circuitos de distribución, ¿por qué las lasañas inglesas tendrían que estar hechas con caballo rumano y transitar por 25 intermediarios? No es una tontería: si tomamos caballo francés, rumano o turco, las cuestiones de pertenencia y de límites se convierten en cuestiones progresistas.

P: Su libro llama a superar los esquemas de izquierda y derecha. Pero no parece que eso haya cambiado mucho. 
R: El debate afronta un gran problema. Hay una inversión de las relaciones entre el marco geográfico y la política: el marco ha cambiado mucho más que la política. Las grandes negociaciones internacionales manifiestan esa inercia de la organización económica, legal y política, mientras que el marco, lo que antes llamábamos la Tierra, la geografía, cambia a velocidad asombrosa. Esa mutación es difícil de comprender por la gente acostumbrada a la historia de antes, en la cual había humanos que se peleaban, como en el siglo XX: hombres haciéndose la guerra dentro de un marco geográfico estable desde la última glaciación. Es una razón demasiado filosófica. Así que preferimos pensar que tenemos tiempo, que todo está en su sitio, que la economía es así, que el derecho internacional es así, etcétera. Pero incluso los términos para señalar las aceleraciones rápidas han cambiado, volcándose hacia la naturaleza y los glaciares. El tiempo que vivimos es el del antropoceno, y las cosas ya no son como antes. Lo que ha cambiado desde que escribí el libro es que en aquel momento no teníamos la noción del antropoceno. Fue una invención muy útil de Crutzen, un climatólogo, pero no existía entonces, me habría ayudado mucho.

P: ¿Y qué fue de su propuesta de aprobar una constitución ecológica? 

R: Intenté construir una asociación de parlamentarios y lanzar una constitución para que las cuestiones de la energía empezaran a ser tratadas de otro modo. Intentaba abrir un debate, que naturalmente no ha tenido lugar. El debate sobre la Constitución empezó bien, se consideró una gran invención de la democracia europea. El problema es que ya no se trata de la cuestión de la representación de los humanos, sino que ese debate atañe a los innumerables seres que viven en la Tierra. Me parecía necesario en aquel momento, y ahora más incluso, hacer un debate constitucional. ¿Cómo sería un Parlamento dedicado a la política ecológica? Tendrá que crearse, pero no reflexionamos lo suficiente sobre las cuestiones de fondo.

P: ¿Las grandes conferencias medioambientales resuelven algo? 

R: El problema es que la geopolítica organizada en torno a una nación, con sus propios intereses y nivel de agregación, está mal adaptada a las cuestiones ecológicas, que son transnacionales. Todo el mundo sabe eso, los avances no pueden plasmarse ya a base de mapas, no jugamos en territorios clásicos. Así, desde Copenhague 2009 hay una desafección por las grandes cumbres, no solo porque no se consigue decidir nada, sino también porque nos damos cuenta de que el nivel de decisión y agregación política no es el correcto. De hecho, las ciudades, las regiones, las naciones, las provincias, toman a menudo más iniciativas que los Estados.

P: Francia es uno de los países más nuclearizados del mundo. Los ecologistas braman. ¿Le parece bien? 

R: Los ecologistas se han obstinado en la cuestión nuclear, pero nadie ha venido a explicarnos por qué lo nuclear es antiecológico, mientras mucha gente seria considera que el átomo es una de las soluciones, a largo plazo no, pero a corto plazo sí. De nuevo estamos ante la ausencia total de reflexión política por parte de los ecologistas, que militan contra lo nuclear sin explicar por qué. Por consiguiente, no hemos avanzado un centímetro. De hecho, en este momento hay un gran debate público sobre la transición energética, y los verdes siguen siendo incapaces de comprender nada, incluso de discutir, porque han moralizado la cuestión nuclear. Cuando se hace ética, no hay que hacer política, hay que hacer religión.

P: ¿Está realmente en cuestión la supervivencia de la especie? 

R: La especie humana se las apañará. Nadie piensa que vaya a desaparecer, ¿pero la civilización? No se sabe lo que es una Tierra a seis u ocho grados, no lo hemos conocido. Hay que remontarse centenares de millones de años. El problema no se abordaba con la misma urgencia cuando escribí el libro en 1999, se hablaba aún de las generaciones futuras. Ahora hablamos de nuestros hijos. No hay una sola empresa que haga un cálculo más allá de 2050, es el horizonte más corto que ha habido nunca. La mutación de la historia es increíblemente rápida. Ahora se trata de acontecimientos naturales, mucho más rápidos que los humanos. Es inimaginable para la gente formada en el siglo XX, una novedad total.

P: ¿Es la globalización? ¿O más que eso? 

R: Tiene relación con la globalización, pero no por la extensión de las conexiones entre los humanos. Se trata de la llegada de un mundo desagradable que impide la globalización real: es un conflicto entre globos. Nos hemos globalizado, y eso resulta tranquilizador porque todo está conectado y hace de la Tierra un planeta pequeño. Pero que un gran pueblo sea aplastado al chocar con otra cosa tranquiliza menos.

P: ¿Y el malestar que sentimos, la indignación, tiene que ver con ese miedo? 

R: Ese catastrofismo siempre ha existido; siempre ha habido momentos de apocalipsis, de literatura de la catástrofe; pero al mismo tiempo existe un sentimiento nuevo: no se trata del apocalipsis de los humanos, sino del final de recursos, en un sentido, creo, literal.

 P: ¿Nos hemos zampado el planeta? 

R: La gente que analiza el antropoceno dibuja esquemas de este tipo (muestra un famoso gráfico de población y recursos). Esto se llama “la gran aceleración”, ocurrió en 1947. La revolución ya ha tenido lugar, y es una de las causas de esa nueva ansiedad. La gente sigue hablando de la revolución, desesperándose porque no llega, pero ya está aquí. Es un acontecimiento pasado y de consecuencias catastróficas. Eso también nubla la mente de progresistas y reaccionarios. ¿Qué significa vivir en una época en la cual la revolución ha ocurrido ya y cuyos resultados son catastróficos?

P: ¿No querrá decir que la austeridad es la solución?

 R: Ya existe el concepto del decrecimiento feliz, no sé si la tienen en España… ¡Sí! Ustedes están muy adelantados sobre decrecimiento.

P: Estamos en plena vanguardia, pero del infeliz. 

R: Es uno de los grandes temas del momento, la crisis económica es decrecimiento no deseado, desigualmente repartido; y hay algo más: austeridad no es necesariamente la palabra, sino ascetismo. Sería la visión religiosa, o espiritual, de la austeridad. Eso se mezcla con las nuevas visiones geológicas de los límites que debemos imponernos…

P: ¿Habla del regreso al campo o de reconstruir el planeta? 

R: No me refiero a volver al campo, sino a otra Tierra.

P: ¿La tecnología es la única brújula?
R: La tecnología se encuentra en esa misma situación. Existe una solución muy importante de la geoingeniería, que considera que la situación es reversible, que se pueden recrear artificialmente unas condiciones favorables tras haberlas destruido sin saberlo. Así ha surgido un inmenso movimiento de geoingeniería en todas partes. Ya que es la energía de la Tierra, podemos mandar naves espaciales, modificar la acidez de las aguas del mar, etcétera. Hacer algo que contrarreste lo que se hizo mal. Si hemos podido modificar la Tierra, podemos modificarla en el otro sentido, lo que es un argumento peligroso, porque la podemos destrozar por segunda vez.

P: ¿No se regenerará sola? 

R: Sí, ¡pero sin humanos! Se regenerará sola mientras no haya humanos. Puede deshacerse de nosotros, es una de las hipótesis, volviéndose invivible, pero eso no sería muy positivo. La era de los límites puede llegar hasta la extinción.

P: ¿Acabaremos fatal? 

R: La historia no está repleta de ejemplos favorables. No se sabe. No hay nada en la naturaleza humana que favorezca la reflexión, por lo cual la solución solo puede ser mala.

P: Algunos temen que acabaremos devorados por los chinos. 

R: Los chinos tienen más problemas que nosotros y corren el peligro de comerse a sí mismos por el suelo, el agua y el aire. No nos amenazan, desaparecerán antes que nosotros.

P: Žižek dice que nuestros problemas provienen de la mediocridad intelectual de Alemania y Francia, que esa es la razón principal de la decadencia actual. ¿Qué piensa? 

R: Es una estupidez. Ocurren muchas más cosas intelectualmente en Europa que en América, infinitamente más. Por ejemplo, en arte, en filosofía, en ciencias, en urbanismo. Es insensato decir cosas así, pero es que Žižek es un viejo cretino, una especie de cosa de extrema izquierda, fruto del agotamiento de la extrema izquierda, de su decadencia final, de la cual es el síntoma. Por otra parte, es un chico muy majo. La extrema izquierda se ha equivocado tanto sobre el mundo que al final todos estos viejos de extrema izquierda no tienen otra cosa que hacer salvo vomitar sobre el mundo, como hace Alain Badiou en Francia.

P: ¿Prefiere a Marine Le Pen? R: No soy político, no puedo responder a esta pregunta, no me interesa. P: ¿No le gusta hablar de política? 

R: Sí hablo de política, he escrito un libro sobre política, ¡que yo sepa!, Las políticas de la naturaleza.

P: ¿No le interesa la política de todos los días? 

R: La de todos los días sí, pero no la de los partidos, son agitaciones superficiales, sobre todo en Francia, donde ya no hay verdaderamente política.

P: Critica a la extrema izquierda, ¿y nada a la extrema derecha? 

R: Se agita, intenta agarrarse a un clavo ardiendo, pero no tiene mucha importancia. No es ahí donde las cosas están en juego.

P: ¿Cree que es residual? 

R: No, no es residual, puede desarrollarse y provocar daños, tanto como la extrema izquierda; el no pensar siempre provoca daños, pero no es eso lo que va a solucionar los problemas de la Tierra, la economía, las ciudades, el transporte y la tecnología.

P: ¿Qué escenario prevé para 2050? ¿Qué Tierra, qué humanidad? 

R: Ese no es mi trabajo, mi trabajo consiste en prepararnos para las guerras. Las guerras ecológicas van a ser muy importantes y tenemos que preparar nuestros ejércitos de un modo intelectual y humano. Ese es mi trabajo.

P: ¿Habrá guerras violentas por el clima? 

R: La definición misma de guerra va a cambiar, estamos en una situación en la cual no podemos ganar contra la Tierra, es una guerra asimétrica: si ganamos, perdemos, y si perdemos, ganamos. Así pues, esta situación crea obligaciones a multitud de gente y antes que nada a los intelectuales.

P: ¿La batalla principal es esa? 

R: Si no tenemos mundo, no podemos hacer gran cosa, ni siquiera la revolución. Cuando se lee a Marx, uno se queda impresionado por lo que dice sobre los humanos. En esta época, la cuestión de la ciencia y del margen geográfico, más la presencia de miles de millones de personas, conforma un escenario crucial. Antes teníamos otros problemas, pero este no.

P: ¿Así que se trata de ser o no ser? 

R: En cada informe científico, las previsiones son peores, el plan más pesimista siempre aparece. Hay que tener en cuenta eso. Son previsiones extremas, pero de momento son las únicas válidas. No se trata de una guerra mundial, sino de una acumulación de guerras mundiales. Es parecido al invierno nuclear de la guerra fría, una situación de cataclismo, pero con algunas ventajas: es más radical, pero más lento, tenemos mucha capacidad de invención, 9.000 millones de personas y muchas mentes inteligentes. Pero también es un reto. Por tanto, es una cuestión de alta política y no de naturaleza. La política viene primero.

P: ¿Tiene la sensación de estar solo? 

R: Lo que era complicado en este libro era crear el vínculo entre ciencia y política, y no puedo decir que haya convencido a mucha gente. Si además se hace el vínculo entre la religión y las artes, es más difícil. Gente como Sloterdijk sería muy capaz de comprenderlo. Sin embargo, muchos intelectuales siguen en el siglo XX, como Žižek. Permanecen en un contexto, en un ideal revolucionario, de decepción. Están decepcionados con los humanos.

P: ¿Cree que los humanos se dejarán ayudar? 

R: Primero hay que ayudar a la Tierra. En el antropoceno ya no se puede hacer la distinción entre los humanos y la Tierra.

P: ¿Y sus estudiantes están listos para la lucha? 

R: En mi escuela soy el único en dar clases sobre cuestiones donde no entra la política en el sentido clásico. Hay un curso o dos sobre cuestiones ecológicas. Es culpa mía, no he trabajado lo suficiente como para cambiar las cosas. Llevamos mucho retraso.

 El antropólogo iconoclasta Bruno Latour nació en la Borgoña, donde surgen los vinos más caros del planeta. Su padre era viticultor. De ahí sus pecualiares análisis sobre el terruño y la tradición. Cursó Antropología y Sociología. 
Su formación es tan variopinta como los centros donde ha impartido clase, desde la Escuela de Minas de París hasta la London School of Economics y la cátedra de Historia de Harvard. 

Escritor incansable, es autor de una treintena de libros de ensayo, todos los últimos editados por Harvard, por los que circulan la tierra, la sociedad, la guerra, la energía, la ciencia, la tecnología, la modernidad y los medios de comunicación.
Su último proyecto está conectado con el llamado medialab, un espacio donde desarrollar conexiones entre las tecnologías digitales, la sociología y los estudios científicos

FUENTE

viernes, 12 de abril de 2013

Cambio climático "No podemos arriesgar el futuro de nuestros hijos"

10/04/2013
Multinacionales de EE.UU. -como Adidas, Nike, eBay, The North Face y Timberland- solicitan una ley contra el cambio climático. Enteráte la discusión que hoy plantean a los poderes centrales.
Una treintena de grandes multinacionales estadounidenses publicaron un comunicado conjunto este miércoles solicitando a Estados Unidos una legislación que luche contra el cambio climático, afirmando que la cuestión es clave para sus negocios.

Un total de 32 compañías, entre ellas el minorista de internet eBay, el gigante tecnológico Intel, el líder del mercado de café Starbucks y las empresas de ropa deportiva Adidas, Nike, Patagonia, The North Face y Timberland calificaron el cambio climático como una amenaza que requiere de un plan de acción coordinado.

 "No podemos arriesgar el futuro de nuestros hijos sobre la falsa ilusión de que la gran mayoría de los científicos estén equivocados", afirmaron las compañías en un comunicado.
 Las empresas afirman que actuar acerca del cambio climático es crítico para Estados Unidos para "mantener el nivel de vida y seguir siendo un verdadero superpoder en un mundo competitivo". 

Las compañías afirman que están actuando a su modo para reducir los gases invernaderos responsables del cambio climático, pero que son necesarias medidas nacionales para preservar los recursos naturales y equiparar el terreno entre los principales actores económicos.
Cynthia Curtis de la compañía de software CA Technologies afirmó que las compañías discutieron esta cuestión como ".com y no como .org" y que creía que la legislación podría estimular el crecimiento económico.
"Las oportunidades de negocio ligadas a la transición a una economía de energías limpias han estado ausentes, más o menos en el diálogo y queremos cambiar eso", afirmó en un evento que anuncia la campaña de presión por parte de las empresas.

El presidente Barack Obama se ha comprometido a tomar como prioridad la reducción de emisiones luego de que el planeta ha vivido una serie de años más cálidos y en los que han tenido lugar desastres como la supertormenta Sandy, que algunos expertos asocian al cambio climático.
Pero la mayoría de los legisladores del rival partido Republicano, con el apoyo de grupos empresariales, se han opuesto a la legislación, afirmando que sería demasiado costosa y han cuestionado los reportes científicos que avalan el cambio climático.
Un anterior intento de Obama por adoptar una ley sobre la reducción de emisiones fue rechazada por la oposición del senado en 2010. (AFP)

 Fuente

NOTICIAS CAMBIO CLIMÁTICO


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jueves, 11 de abril de 2013

La transformación del sector energético europeo. Objetivos 2030


Objetivos 2030

Dentro del maremágnum de propuestas, comentarios, posiciones, informes, evaluaciones, estudios y todo tipo de publicaciones que afloran a diario a cuenta del sector energético y de la política medioambiental de la Unión Europea, a lo largo del pasado mes vieron la luz dos importantes documentos que por su relevancia en lo que concierne a la posición global de la Unión respecto a los objetivos de política energética a largo plazo, merecen especial consideración.
El 14 de marzo el Parlamento Europeo adoptó una resolución acerca de la Comunicación de la Comisión sobre la estrategia energética de la Unión a 2050 (EU2050 Energy Roadmap).
La decisión llegó meses después de la publicación del citado documento, que no fue objeto de mayor discusión a lo largo del segundo semestre de 2012, durante el periodo de presidencia polaca.
Poco después, el 27 de marzo, la Comisión publicó el Libro Verde sobre el marco de la política energética y cambio climático en Europa a 2030, abriendo un proceso de consulta que durará hasta el próximo 2 de julio.
Ambas decisiones tienen un objetivo claro. Impulsar la definición de un marco legal y regulatorio suficientemente estable como para atraer las inversiones necesarias para alcanzar los ambiciosos objetivos planteados y mantener como directrices básicas de la política energética de la Unión “la reducción de gases de efecto invernadero1, reforzar la seguridad de suministro y facilitar el crecimiento económico, la competitividad y el empleo”.
Ambas instituciones coinciden en que es crucial disponer lo antes posible de una propuesta que incluya objetivos concretos en términos de reducción de emisiones, producción renovable y ahorro y eficiencia energética para 2030, de forma que pueda ser útil para facilitar las decisiones de inversión.
No es fácil, ni puede ser objeto de esta modesta entrada discutir todas las consideraciones, valoraciones, alternativas, propuestas etc., que se plantean y que van desde la preocupación por el funcionamiento de los mercados de carbono hasta el análisis del impacto ambiental de nuestra actividad energética en las aguas del Ártico 
Sin embargo, sí que me gustaría remarcar un par de ellas.
La primera se plantea en el Libro Verde.
Aparte de explicar que el establecimiento del marco regulatorio energético para 2030 es urgente no sólo para dar seguridad a los inversores sino también para promover el crecimiento económico europeo en la línea de la eficiencia energética y de I+D en tecnologías de producción eléctrica con bajas emisiones y para dar coherencia a la posición europea en las negociaciones sobre cambio climático, reconoce que es ahora el momento de  revisar los aciertos y los errores de la estrategia 2020.
Entre ellos cita la conveniencia de establecer objetivos intermedios como la mejor forma de implantar la política energética hacia 2050 y, lo más importante, “identificar la mejor forma de maximizar las sinergias y encontrar equilibrios entre los objetivos de competitividad, seguridad de suministro y sostenibilidad”.
Por fin, es evidente para la Comisión, que el desarrollo de la regulación para alcanzar los objetivos de 2020 y posteriormente los que nos conduzcan hacia el escenario 2050, deben acometerse de forma global y que el modelo óptimo no podrá alcanzar, al mismo tiempo, el precio de la energía más barato para la industria, el mayor nivel de garantía de suministro y el mínimo impacto medioambiental.
Aparte de los claros ejemplos de interacciones positivas, como puede ser entre crecimiento de renovables y reducción de emisiones, hay otros no tan evidentes y de sentido contrario, como por ejemplo la interacción entre la integración masiva de renovables y la caída del precio del CO22 que está impidiendo que se generen los fondos necesarios para invertir en tecnologías de bajas emisiones.
Las opciones “irrenunciables” para realizar el camino hacia 2050, es decir, el incremento de la producción renovable, la mejora en la eficiencia energética y la inversión en infraestructuras energéticas que favorezca la integración del mercado europeo, el citado crecimiento de producción renovable y la gestión inteligente de la demanda tendrán, forzosamente, un impacto en los precios del mercado durante este periodo.
Por tanto, es una obligación garantizar que los objetivos se alcanzan de la forma más eficiente y la propia consulta plantea interrogantes en cuya discusión el análisis económico tendrá un papel central, como siempre debió tenerlo. 
No se discute la importancia del impulso político para conseguir la transformación que plantea el sector energético europeo para las próximas décadas, pero no es posible abstraerse de la necesidad de adaptar la estrategia para su consecución teniendo en cuenta la actual situación de crisis, los problemas presupuestarios de muchos países, la evolución de los mercados de energía, la competitividad de la industria o los compromisos del resto del mundo para la reducción de emisiones.
La conclusión que debemos esperar es que los límites concretos que se fijen en los próximos meses para los objetivos de reducción de CO2, renovables y eficiencia energética en 2030,  que son el objeto del primer bloque de la consulta de la Comisión Europea, serán analizados de forma conjunta bajo el prisma de la eficiencia económica. 
La segunda propuesta la extraigo del capítulo sobre renovables de la resolución del Parlamento.
El Parlamento identifica y subraya el importante papel de la Comisión para estudiar la transición de las energías renovables hacia un nuevo escenario de producción masiva, proyectos a gran escala, mayor número de tecnologías y también, en el aspecto económico, la transición de los esquemas de incentivos al mercado en competencia.
En este sentido anima a promover (siempre bajo el adjetivo de coste-efectividad) las medidas que permitan integrar en el sistema eléctrico el mayor volumen posible de energía renovable, analizando esquemas de desarrollo del almacenamiento, aseguramiento de la potencia de reserva y lo más importante, las inversiones en la adaptación de la red de transporte europea3.
Nuestro Sistema Eléctrico es una muestra clara de que las tecnologías renovables dejaron hace tiempo de ser una anécdota dentro de la industria eléctrica. Sin entrar en el debate sobre el coste que supone esta producción, es evidente que tanto Red Eléctrica de España en su función de Operador del Sistema como las energías convencionales4 con su flexibilidad, han sido capaces de facilitar la integración de un volumen de energía renovable no gestionable que hace apenas 10 años era impensable. Pero por otra parte, el funcionamiento del Mercado Mayorista se ve afectado por el hecho de  que la mayor parte de la producción que participa en él no es sensible a su precio, por recibir sus ingresos a través de otros esquemas de retribución al margen del mercado, y está dejando de ofrecer precios que puedan utilizarse como una señal de inversión a largo plazo5
Si para algún país tiene sentido la petición del Parlamento Europeo para una transición de la producción renovable “from subsidised to competitive” ese es el nuestro. 
Generación del mes de marzo de 2013. Fuente: REE.
Tampoco quería dejar de señalar que la declaración del Parlamento, aún reconociendo la autonomía de los estados Miembros, anima a que cualquier planificación, estrategia o “roadmap” para el desarrollo del sector energético (y de la producción renovable en particular) debe basarse en un modelo económico global. Mientras cada país evolucione siguiendo sus propios criterios, sin establecer al menos un esquema compartido de incentivos a nivel europeo, el éxito de estas iniciativas estará en entredicho.
Para concluir, creo que la opción de la Unión Europea por liderar la transición hacia una economía baja en emisiones de carbono en las próximas décadas sigue intacta. Pero ahora es consciente de que no se trata sólo de marcar objetivos ambiciosos en todos los criterios, sino que lo realmente crítico es que sean coherentes entre sí.
Y que el coste, importa.

1 Reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero respecto a 1990 entre el 80 y el 95%
2 Este hecho hace que, por ejemplo, Reino Unido esté planteando un precio mínimo para el CO2 en su regulación. Lo que a su vez interferirá, posiblemente, con el ETS…
3 No olvidemos que el Plan Decenal de Desarrollo de la Red Europea 2012, prevé una inversión de más de 100.000 MEUR y está destinada, en un 80% a la integración de producción renovable.
4 En particular los ciclos combinados que han pasado de una utilización de 4.000 horas anuales en 2008 a 1.500 en 2012.
5 Lo que nos lleva nuevamente al debate acerca de si el mercado de energía es suficiente para dotar de señales de inversión a los agentes o si debe complementarse con mecanismos adecuados de retribución de la capacidad. 


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NOTICIAS CAMBIO CLIMÁTICO 11 IV 13

Noticias8 resultados nuevos de cambio climatico
 
Multinacionales de EEUU solicitan una ley contra el cambio climático
AFP
WASHINGTON — Una treintena de grandes multinacionales estadounidenses publicaron un comunicado conjunto este miércoles solicitando a Estados Unidos una legislación que luche contra el cambio climático, afirmando que la cuestión es clave para ...
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El Senado negociará el martes 170 enmiendas de la oposición a la ...
Europa Press
La comisión de Medio Ambiente y Cambio Climático del Senado debatirá y negociará el próximo martes 170 enmiendas de todos los grupos de la oposición a la Ley de Costas que el PP no ha admitido este jueves en la Ponencia sobre este proyecto.
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Europa Press
Cambio climático: Habrá cada vez más turbulencias en los vuelos ...
Diario Veloz
Paul Williams, científico de la universidad, dijo que "el cambio climático también afectará al sector financiero de las aerolíneas". También agregó al respecto: "Para que los aviones no vuelen a través de los vientos que provocan las turbulencias ...
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Diario Veloz
La Universidad estudia los efectos del cambio climático en los ríos ...
Faro de Vigo
REDACCIÓN Investigadores de todo el mundo forman parte de un proyecto pionero que busca evaluar el impacto del cambio climático en los ecosistemas de agua dulce. La iniciativa, bautizado como "Refresh", implica a 25 centros de investigación y ...
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Mario Molina alerta a senadores de posible ola de calor extremo
Milenio.com
... a senadores de posible ola de calor extremo. Tendencias • 11 Abril 2013 - 1:59pm — EFE. México es particularmente vulnerable al cambio climático porque tiene muchas costas, dijo el Nobel de Química 1995 en una conferencia magistral ante el Senado.
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Milenio.com
Ciudades antes y después del cambio climático
Azteca Noticias
¿Cómo serían las ciudades si se eleva el nivel del mar debido al cambio climático? El artista e investigador Nickolay Lamm, de 24 años, creó imágenes que muestran las posibles catástrofes. Utilizando las predicciones de los científicos, quienes prevén ...
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Realizan conferencia sobre cambio climático
Sipse.com
El Salón Municipios de Quintana Roo del Palacio Municipal fue el escenario donde se desarrolló la conferencia magistral impartida por el pequeño de 16 años de edad, Félix Finkbeiner, quien en el marco del primer Foro Estatal sobre el Cambio Climático ...
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Sipse.com
El Proyecto Clima selecciona una iniciativa del Grupo Aguas de ...
Europa Press
La iniciativa del Magrama tiene el objetivo de mitigar el cambio climático, a la vez que impulsar el desarrollo sostenible e innovador, promoviendo la generación empleo y riqueza en sectores asociados a la acción frente a al cambio climatico y su ...
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Web2 resultados nuevos de cambio climatico
 
Cambio climático hará que turbulencias en aviones sean más ...
Las turbulencias causan daños de distinta consideración a cientos de pasajeros y miembros de la tripulación cada año.
www.informador.com.mx/.../cambio-climatico-hara-que-turbu...
Prevén que el cambio climático traerá más riesgo alimentario y ...
Cuanto comemos depende de un delicado equilibrio ambiental que el cambio climático puede trastocar, con graves efectos para la salud humana, alertaron ...
www.lostiempos.com/.../preven-que-el-cambio-climatico-traer...

martes, 9 de abril de 2013

TEMAS PARA AMBIENTE

La sostenibilidad como [r]evolución cultural, tecnológica y política 

 El concepto de sostenibilidad surge por vía negativa, como resultado de los análisis de la situación del mundo, que puede describirse como una “emergencia planetaria” (Bybee, 1991), como una situación insostenible que amenaza gravemente el futuro de la humanidad.

 Un futuro amenazado es, precisamente, el título del primer capítulo de Nuestro futuro común, el informe de la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo, conocido como Informe Brundtland (CMMAD, 1988), a la que debemos uno de los primeros intentos de introducir el concepto de sostenibilidad o sustentabilidad:

"El desarrollo sostenible es el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades". 

Se trata, en opinión de Bybee (1991), de "la idea central unificadora más necesaria en este momento de la historia de la humanidad", aunque se abre paso con dificultad y ha generado incomprensiones y críticas que es preciso analizar. Una primera crítica de las muchas que ha recibido la definición de la CMMAD es que el concepto de desarrollo sostenible apenas sería la expresión de una idea de sentido común (sostenible vendría de sostener, cuyo primer significado, de su raíz latina “sustinere”, es "sustentar, mantener firme una cosa") de la que aparecen indicios en numerosas civilizaciones que han intuido la necesidad de preservar los recursos para las generaciones futuras.

Es preciso, sin embargo, rechazar contundentemente esta crítica y dejar bien claro que se trata de un concepto absolutamente nuevo, que supone haber comprendido que el mundo no es tan ancho e ilimitado como habíamos creído.
Hay un breve texto de Victoria Chitepo, Ministra de Recursos Naturales y Turismo de Zimbabwe, en Nuestro futuro común (el informe de la CMMAD) que expresa esto muy claramente: "Se creía que el cielo es tan inmenso y claro que nada podría cambiar su color, nuestros ríos tan grandes y sus aguas tan caudalosas que ninguna actividad humana podría cambiar su calidad, y que había tal abundancia de árboles y de bosques naturales que nunca terminaríamos con ellos.
Después de todo vuelven a crecer.
Hoy en día sabemos más. El ritmo alarmante a que se está despojando la superficie de la Tierra indica que muy pronto ya no tendremos árboles que talar para el desarrollo humano".
Y ese conocimiento es nuevo: la idea de insostenibilidad del actual desarrollo es reciente y ha constituido una sorpresa para la mayoría. Y es nueva en otro sentido aún más profundo: se ha comprendido que la sostenibilidad exige planteamientos
holísticos, globales; exige tomar en consideración la totalidad de problemas interconectados a los que la humanidad ha de hacer frente y que sólo es posible a escala planetaria, porque los problemas son planetarios: no tiene sentido aspirar a una ciudad o un país sostenibles (aunque sí lo tiene trabajar para que un país, una ciudad, una acción individual, contribuyan a la sostenibilidad). Esto es algo que no debe escamotearse con referencias a algún texto sagrado más o menos críptico o a comportamientos de pueblos muy aislados para quienes el mundo consistía en el escaso espacio que habitaban.
Una idea reciente que avanza con mucha dificultad, porque los signos de degradación han sido hasta recientemente poco visibles y porque en ciertas partes del mundo los seres humanos hemos visto mejorados notablemente nuestro nivel y calidad de vida en muy pocas décadas.
La supeditación de la naturaleza a las necesidades y deseos de los seres humanos ha sido vista siempre como signo distintivo de sociedades avanzadas, explica Mayor Zaragoza (2000) en Un mundo nuevo. Ni siquiera se planteaba como supeditación: la naturaleza era prácticamente ilimitada y se podía centrar la
atención en nuestras necesidades sin preocuparse por las consecuencias ambientales y para nuestro propio futuro.

El problema ni siquiera se planteaba.
Después han venido las señales de alarma de los científicos, los estudios internacionales… pero todo eso no ha calado en la población, ni siquiera en los responsables políticos, en los educadores, en quienes planifican y dirigen el desarrollo industrial o la producción agrícola…
Mayor Zaragoza señala a este respecto que "la preocupación, surgida recientemente, por la preservación de nuestro planeta es indicio de una auténtica revolución de las mentalidades: aparecida en apenas una o dos generaciones, esta metamorfosis cultural, científica y social rompe con una larga tradición de indiferencia, por no decir de hostilidad".
Ahora bien, no se trata de ver al desarrollo y al medio ambiente como contradictorios (el primero "agrediendo" al segundo y éste "limitando" al primero) sino de reconocer que están estrechamente vinculados, que la economía y el medio ambiente no pueden tratarse por separado. Después de la revolución
copernicana que vino a unificar Cielo y Tierra, después de la Teoría de la Evolución, que estableció el puente entre la especie humana y el resto de los seres vivos… ahora estaríamos asistiendo a la integración ambiente-desarrollo (Vilches y Gil, 2003).
Podríamos decir que, sustituyendo a un modelo económico apoyado en el crecimiento a ultranza, el paradigma de economía ecológica que se vislumbra plantea la sostenibilidad de un desarrollo sin crecimiento, ajustando la economía a las exigencias de la ecología y del bienestar social global (Ver crecimiento económico y sostenibilidad).  ...........
Educación para la sostenibilidad
La importancia dada por los expertos en sostenibilidad al papel de la educación queda reflejada en el lanzamiento mismo de la Década de la Educación para el Desarrollo Sostenible o, mejor, para un futuro sostenible (2005-2014) a cuyo impulso y desarrollo esta destinada esta página web.
Como señala UNESCO (ver “enlaces” en esta misma página web):
El Decenio de las Naciones Unidas para la educación con miras al desarrollo sostenible pretende promover la educación como fundamento de una sociedad más viable para la humanidad e integrar el desarrollo sostenible en el sistema de enseñanza escolar a todos los niveles. El Decenio intensificará igualmente la cooperación internacional en favor de la elaboración y de la puesta en común de prácticas, políticas y programas innovadores de educación para el desarrollo sostenible”.
En esencia se propone impulsar una educación solidaria -superadora de la tendencia a orientar el comportamiento en función de intereses particulares a corto plazo, o de la simple costumbre- que contribuya a una correcta percepción del estado del mundo, genere actitudes y comportamientos responsables y prepare para la toma de decisiones fundamentadas (Aikenhead, 1985) dirigidas al logro de un desarrollo culturalmente plural y físicamente sostenible (Delors, 1996; Cortina et al., 1998).
Para algunos autores, estos valores solidarios y comportamientos responsables exigen superar un “posicionamiento claramente antropocéntrico que prima lo humano respecto a lo natural” en aras de un biocentrismo que “integra a lo humano, como una especie más, en el ecosistema” (García, 1999). Pensamos, no obstante, que no es necesario dejar de ser antropocéntrico, y ni siquiera profundamente egoísta -en el sentido de “egoísmo inteligente” al que se refiere Savater (1994)- para comprender la necesidad de, por ejemplo, proteger el medio y la biodiversidad:
¿quién puede seguir defendiendo la explotación insostenible del medio o los desequilibrios “Norte-Sur” cuando comprende y siente que ello pone seria y realmente en peligro la vida de sus hijos? 
La educación para un futuro sostenible habría de apoyarse, cabe pensar, en lo que puede resultar razonable para la mayoría, sean sus planteamientos éticos más o menos antropocéntricos o biocéntricos. Dicho con otras palabras: no conviene buscar otra línea de demarcación que la que separa a quienes tienen o no una correcta percepción de los problemas y una buena disposición para contribuir a la necesaria toma de decisiones para su solución. Basta con ello para comprender que, por ejemplo, una adecuada educación ambiental para el desarrollo sostenible es incompatible con una publicidad agresiva que estimula un consumo poco inteligente; es incompatible con explicaciones simplistas y maniqueas de las dificultades como debidas siempre a “enemigos exteriores”; es incompatible, en particular, con el impulso de la competitividad, entendida como contienda para lograr algo contra otros que persiguen el mismo fin y cuyo futuro, en el mejor de los casos, no es tenido en cuenta, lo cual resulta claramente contradictorio con las características de un desarrollo sostenible, que ha de ser necesariamente global y abarcar la totalidad de nuestro pequeño planeta. .........................................
 Sería iluso, sin embargo, pensar que el logro de sociedades sostenibles es una tarea simple. Se precisan cambios profundos que explican el uso de expresiones como "revolución energética", "revolución del cambio climático", etc. Mayor Zaragoza (2000) insiste en la necesidad de una profunda revolución cultural y la ONG Greenpeace ha acuñado la expresión [r]evolución por la sostenibilidad, que muestra acertadamente la necesidad de unir los conceptos de revolución y evolución: revolución para señalar la necesidad de cambio profundo, radical, en nuestras formas de vida y organización social; evolución para puntualizar que no se puede esperar tal cambio como fruto de una acción concreta, más o menos acotada en el tiempo. Dicha [r]evolución por un futuro sostenible exige de todos los actores sociales romper con:
 • planteamientos puramente locales y a corto plazo, porque los problemas sólo tienen solución si se tiene en cuenta su dimensión glocal (a la vez local y global);
 • la indiferencia hacia un ambiente considerado inmutable, insensible a nuestras "pequeñas" acciones; esto es algo que podía considerarse válido mientras los seres humanos éramos unos pocos millones, pero ha dejado de serlo con más de 6500 millones;
 • la ignorancia de la propia responsabilidad: por el contrario, lo que cada cual hace -o deja de hacer- como consumidor, profesional y ciudadano tiene importancia;
• la búsqueda de soluciones que perjudiquen a otros: hoy ha dejado de ser posible labrar un futuro para "los nuestros" a costa de otros; los desequilibrios no son sostenibles..............................

 Por esa razón, Naciones Unidas, frente a la gravedad y urgencia de los problemas a los que se enfrenta hoy la humanidad, ha instituido una Década de la Educación para un futuro sostenible (2005-2014), designando a UNESCO como órgano responsable de su promoción y encareciendo a todos los educadores a asumir un compromiso para que toda la educación, tanto formal (desde la escuela primaria a la universidad) como informal (museos, medios de comunicación...), preste sistemáticamente atención a la situación del mundo, con el fin de fomentar actitudes y comportamientos favorables para el logro de un desarrollo sostenible (Gil Pérez et al., 2006).

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