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viernes, 29 de enero de 2016

Secuencian por primera vez el genoma de una angiosperma marina

Secuencian por primera vez el genoma de una angiosperma marina

La investigación puede aportar pistas de cómo los cultivos se adaptan a ambientes salinos
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Zostera marina forma extensas praderas submarinas - Christoffer Boström

Los pastos o praderas marinas son las únicas plantas con flores (angiospermas) que han regresado al mar -se desarrollaron a partir de algas marinas y evolucionaron hasta ser planta terrestres con flores y luego regresaron al mar- pasando por la adaptación más extrema que las especies pueden sufrir. El estudio de esa capacidad de adaptación de los organismos, en concreto a ambientes más salinos, es lo que ha llevado a un consorcio internacional de 35 laboratorios a secuenciar el genoma de una de estas hierbas marinas, Zostera marina, que forma extensas praderas en el Hemisferio Norte, y que en España se encuentra tanto en el Cantábrico y Atlántico como en el Mediterráneo. Según cuentan en la revista «Nature» los investigadores, dirigidos por Jeanine Olsen, de la Universidad de Groningen(Países Bajos), la secuenciación por primera vez del genoma de una angiosperma marina puede proporcionar pistas de cómo las cosechas podrían adaptarse a ambientes salinos, por ejemplo.
En España se la conoce como pasto marino o seda de mar, y forma un ecosistema que cubre unos 200.000 kilómetros y que se extiende desde Alaska hasta Baja California, y desde el mar de Barents hasta el sur de la Península Ibérica. Estas praderas representan aproximadamente el 15 por ciento del carbono absorbido y fijado por el océano a nivel global, y también influyen en los ciclos de azufre y nitrógeno. Además, actúan como zona de cría de muchas especies de peces y de otros organismos, protegen la costa de la erosión y ayudan a mantener la claridad del agua.
Muchas veces se confunden con algas cuando las vemos desprendidas en la orilla pero no lo son. Son plantas con raíz, tallo y hojas que viven en el mar, principalmente en fondos arenosos entre la zona de rompientes y los 40 metros de profundidad, donde forman verdaderos bosques submarinos. Es una especie fundamental en el ecosistema marino costero, por eso los investigadores están interesados en comprender cómo esta planta -y por extensión otras plantas en el ecosistema- se adaptan al cambio climático.

Adaptación al cambio global

Los investigadores secuenciaron el genoma de una muestra de Zostera marina tomada en el mar Báltico, y para entender mejor la adaptación que ha tenido que hacer en su vuelta a un medio salado lo compararon con el genoma, que también secuenciaron, de un pariente de agua dulce, la conocida como lenteja de agua. En su adaptación a un estilo de vida bajo el agua, la seda marina ganó genes que le permitieron vivir en agua salada y, en cambio, perdió otros implicados en los rasgos asociados con las plantas terrestres. Así, modificó sus paredes celulares, más parecidas a las de las algas, y los genes asociados con la detección de luz, la defensa de la planta, la polinización y la regulación del balance hídrico interno. Y perdió genes relacionados con la protección ultravioleta y la producción de diversos compuestos volátiles.
Cuando lo compararon con el genoma de la lenteja de agua vieron, entre otras cosas, que ésta ha perdido los genes que ayudan a las plantas a retener agua en la pared de la célula, mientras que Zostera marina los ha recuperado para lidiar mejor con el estrés osmótico durante la marea baja.«Se han rediseñado a sí mismos», explica la profesora Olsen: «Estos ecosistemas suponen un experimento natural para investigar una rápida adaptación a las aguas más cálidas o más frías, así como a la tolerancia a la salinidad, la acidificación del océano y la luz»

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Cambio climático - Secuencian por primera vez el genoma de una angiosperma marina
... investigadores están interesados en comprender cómo esta planta -y por extensión otras plantas en el ecosistema- se adaptan al cambio climático.
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martes, 12 de enero de 2016

Carbono azul, clave para combatir el cambio climático

Carbono azul, clave para combatir el cambio climático

Científicos aseguran que todavía no se conoce a fondo el potencial que tiene.
Lo llaman carbono azul

Carbono azul, clave para combatir el cambio climático
Foto: AFP
Lo llaman carbono azul porque se ha quedado atrapado en los mares y, aunque todavía no se conoce a fondo, los científicos no dudan del potencial que tienen los ecosistemas marinos para combatir el cambio climático.
En el océano se almacenan cantidades de dióxido de carbono hasta cincuenta veces más que en la atmósfera y veinte veces más que en las plantas terrestres, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
Partiendo de esos datos, ¿por qué no se hace más por aprovechar esos recursos y contrarrestar las emisiones de CO2?
Steven Lutz, coordinador del programa Carbono Azul del centro noruego GRID-Arendal, admite a Efe que aún se necesita investigar más y evaluar la acción de los ecosistemas marinos y costeros frente al calentamiento global.
Cuando se preservan, sostiene, terrenos como los manglares sirven de hogar a las especies marinas y les dan las condiciones para la vida, mientras que si se degradan, el carbono acumulado se lanza de nuevo a la atmósfera y puede tener un "impacto significativo en los gases de efecto invernadero".
Tanto se ha hablado de los mercados de bonos de carbono y de la utilidad de los bosques como moneda de cambio en su papel de sumideros que el interés se ha extendido a otras formas de absorción como las de la propia costa.
El reciente acuerdo de París sobre cambio climático reincide en esta idea: es importante conservar y aumentar sumideros y reservorios de los gases de efecto invernadero, así como garantizar todos los ecosistemas, incluidos los océanos.
Entre las nuevas oportunidades, Lutz destaca que se puede mejorar la gestión de los ecosistemas, utilizar ese carbono para lograr objetivos de política nacional y compromisos internacionales, o ayudar a las comunidades locales en la conservación ambiental y dotarlas de medios para efectuar el canje de emisiones.
Ya hay proyectos en países como Ecuador, República Dominicana, Mozambique o Indonesia que, a distintos niveles, buscan el reconocimiento de esa clase de servicios.
Y es que la inmensidad del océano puede ser una mina de oro con sus pastos marinos, marismas o arrecifes de coral, y con especies de gran valor biológico como el alga marina Sargassum o el krill, un pequeño crustáceo antártico, que intervienen en el secuestro de carbono.
"Para que el carbono sea almacenado a largo plazo, necesita acabar en el suelo del océano. Mediante el proceso de la cadena trófica marina, el carbono es capturado por las plantas, ingerido por los animales, arrastrado hacia el suelo y almacenado allí", relata el fundador de la iniciativa Global Ocean Trust, Torsten Thiele.
Por eso, recalca, cuanto más estresado se encuentre el océano por daños como la estratificación, la sobrepesca o la contaminación, peor podrá absorber el carbono a la larga.
"La pregunta es cómo se pueden proteger mejor los mares", afirma Thiele, que destaca los avances para medir y verificar las reservas de carbono azul.
La responsable para Océanos y cambio climático de la UICN, Dorothee Herr, coincide en que, aun no siendo fácil, los instrumentos para cuantificarlas están a la mano y muchas universidades han recogido los datos de distintos ecosistemas costeros.
Otra dificultad añadida entraña la medición del carbono en los sedimentos del fondo oceánico, si bien la experta insiste en que los números se están perfeccionando en general para poder incluirlos en los inventarios nacionales de gases de efecto invernadero.
Todo aquel que quiera financiarse para proteger los ecosistemas costeros y marinos deberá adecuarse a los estándares, que varían en función del mercado.
Thiele da algunas pautas para las regiones interesadas en conservar sus reservas: deberán identificar proyectos particulares, usar instrumentos científicos y tecnológicos para medir y verificar los niveles de carbono sin que se disparen los costes, encontrar un socio comprador y seguir las normas, ya se trate de una transacción pública o privada.
Además, cabe la posibilidad de acceder a los fondos públicos acordados por los países en la cumbre COP21 de París para cuestiones climáticas.
Sería como pensar en gestionar un bosque bajo las aguas. Sin olvidar que, aunque no se vea, el océano es considerado el sumidero de carbono más grande del planeta.

¿Cómo los océanos pueden ayudar a frenar el cambio climático?


¿Cómo los océanos pueden ayudar a frenar el cambio climático?

Para los científicos, se debe aprovechar el potencial de los océanos, ya que son el filtro de CO2 más grande del planeta

¿Cómo los océanos pueden ayudar a frenar el cambio  climático?
Algunos países han comenzado a elaborar planes para aprovechar el potencial de los ecosistemas marinos para captar el CO2. (Foto: Reuters)
Los océanos son el sumidero de carbono más grande del planeta, según los científicos. El dióxido de carbono (CO2) se queda atrapado allí. Por ello se le llama carbono azul y, aunque todavía no se conoce a fondo, los científicos no dudan del potencial que tienen los ecosistemas marinos para combatir el cambio climático.
En el océano se almacenan cantidades de CO2 hasta 50 veces más que en la atmósfera y 20 veces más que en las plantas terrestres, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
Partiendo de esos datos, ¿por qué no se hace más por aprovechar esos recursos y contrarrestar las emisiones de CO2?
Steven Lutz, coordinador del programa Carbono Azul del centro noruego GRID-Arendal, admite que aún se necesita investigar más y evaluar la acción de los ecosistemas marinos y costeros frente alcambio climático.
Cuando se preservan, sostiene, terrenos como los manglares sirven de hogar a las especies marinas y les dan las condiciones para la vida, mientras que si se degradan, el carbono acumulado se lanza de nuevo a la atmósfera y puede tener un "impacto significativo en los gases de efecto invernadero".
¿Cómo los océanos pueden ayudar a frenar el cambio  climático?
(Foto: EFE)
Tanto se ha hablado de los mercados de bonos de carbono y de la utilidad de los bosques como moneda de cambio en su papel de sumideros que el interés se ha extendido a otras formas de absorción, como las de la propia costa.
El reciente acuerdo de París sobre cambio climático, firmado en la COP 21, reincide en esta idea: es importante conservar y aumentar sumideros y reservorios de los gases de efecto invernadero, así como garantizar todos los ecosistemas, incluidos los océanos.
Entre las nuevas oportunidades, Lutz destaca que se puede mejorar la gestión de los ecosistemas, utilizar ese carbono para lograr objetivos de política nacional y compromisos internacionales, o ayudar a las comunidades locales en la conservación ambiental y dotarlas de medios para efectuar el canje de emisiones.
Ya hay proyectos en países como Ecuador, República Dominicana, Mozambique o Indonesia que, a distintos niveles, buscan el reconocimiento de esa clase de servicios.
Y es que la inmensidad del océano puede ser una mina de oro con sus pastos marinos, marismas o arrecifes de coral, y con especies de gran valor biológico, como el alga marina Sargassum o el krill.
"Para que el carbono sea almacenado a largo plazo, necesita acabar en el suelo del océano. Mediante el proceso de la cadena trófica marina, el carbono es capturado por las plantas, ingerido por los animales, arrastrado hacia el suelo y almacenado allí", relata el fundador de la iniciativa Global Ocean Trust, Torsten Thiele.
Por eso, recalca, cuanto más estresado se encuentre el océano por daños como la estratificación, la sobrepesca o la contaminación, peor podrá absorber el carbono a la larga.
¿Cómo los océanos pueden ayudar a frenar el cambio  climático?
(Foto: Reuters)
"La pregunta es cómo se pueden proteger mejor los mares", afirma Thiele, que destaca los avances para medir y verificar las reservas de carbono azul.
La responsable para océanos y cambio climático de la UICN, Dorothee Herr, coincide en que, aun no siendo fácil, los instrumentos para cuantificarlas están a la mano y muchas universidades han recogido los datos de distintos ecosistemas costeros.
Otra dificultad añadida entraña la medición del carbono en los sedimentos del fondo oceánico, si bien la experta insiste en que los números se están perfeccionando en general para poder incluirlos en los inventarios nacionales de gases de efecto invernadero.
Todo aquel que quiera financiarse para proteger los ecosistemas costeros y marinos deberá adecuarse a los estándares, que varían en función del mercado.
Thiele da algunas pautas para las regiones interesadas en conservar sus reservas: deberán identificar proyectos particulares, usar instrumentos científicos y tecnológicos para medir y verificar los niveles de carbono sin que se disparen los costes, encontrar un socio comprador y seguir las normas.
Además, cabe la posibilidad de acceder a los fondos públicos acordados por los países en la cumbre COP21 de París para cuestiones climáticas.
Sería como pensar en gestionar un bosque bajo las aguas. Sin olvidar que, aunque no se vea, el océano es considerado el sumidero de carbono más grande del planeta.
Fuente: EFE

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