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jueves, 11 de abril de 2013

La transformación del sector energético europeo. Objetivos 2030


Objetivos 2030

Dentro del maremágnum de propuestas, comentarios, posiciones, informes, evaluaciones, estudios y todo tipo de publicaciones que afloran a diario a cuenta del sector energético y de la política medioambiental de la Unión Europea, a lo largo del pasado mes vieron la luz dos importantes documentos que por su relevancia en lo que concierne a la posición global de la Unión respecto a los objetivos de política energética a largo plazo, merecen especial consideración.
El 14 de marzo el Parlamento Europeo adoptó una resolución acerca de la Comunicación de la Comisión sobre la estrategia energética de la Unión a 2050 (EU2050 Energy Roadmap).
La decisión llegó meses después de la publicación del citado documento, que no fue objeto de mayor discusión a lo largo del segundo semestre de 2012, durante el periodo de presidencia polaca.
Poco después, el 27 de marzo, la Comisión publicó el Libro Verde sobre el marco de la política energética y cambio climático en Europa a 2030, abriendo un proceso de consulta que durará hasta el próximo 2 de julio.
Ambas decisiones tienen un objetivo claro. Impulsar la definición de un marco legal y regulatorio suficientemente estable como para atraer las inversiones necesarias para alcanzar los ambiciosos objetivos planteados y mantener como directrices básicas de la política energética de la Unión “la reducción de gases de efecto invernadero1, reforzar la seguridad de suministro y facilitar el crecimiento económico, la competitividad y el empleo”.
Ambas instituciones coinciden en que es crucial disponer lo antes posible de una propuesta que incluya objetivos concretos en términos de reducción de emisiones, producción renovable y ahorro y eficiencia energética para 2030, de forma que pueda ser útil para facilitar las decisiones de inversión.
No es fácil, ni puede ser objeto de esta modesta entrada discutir todas las consideraciones, valoraciones, alternativas, propuestas etc., que se plantean y que van desde la preocupación por el funcionamiento de los mercados de carbono hasta el análisis del impacto ambiental de nuestra actividad energética en las aguas del Ártico 
Sin embargo, sí que me gustaría remarcar un par de ellas.
La primera se plantea en el Libro Verde.
Aparte de explicar que el establecimiento del marco regulatorio energético para 2030 es urgente no sólo para dar seguridad a los inversores sino también para promover el crecimiento económico europeo en la línea de la eficiencia energética y de I+D en tecnologías de producción eléctrica con bajas emisiones y para dar coherencia a la posición europea en las negociaciones sobre cambio climático, reconoce que es ahora el momento de  revisar los aciertos y los errores de la estrategia 2020.
Entre ellos cita la conveniencia de establecer objetivos intermedios como la mejor forma de implantar la política energética hacia 2050 y, lo más importante, “identificar la mejor forma de maximizar las sinergias y encontrar equilibrios entre los objetivos de competitividad, seguridad de suministro y sostenibilidad”.
Por fin, es evidente para la Comisión, que el desarrollo de la regulación para alcanzar los objetivos de 2020 y posteriormente los que nos conduzcan hacia el escenario 2050, deben acometerse de forma global y que el modelo óptimo no podrá alcanzar, al mismo tiempo, el precio de la energía más barato para la industria, el mayor nivel de garantía de suministro y el mínimo impacto medioambiental.
Aparte de los claros ejemplos de interacciones positivas, como puede ser entre crecimiento de renovables y reducción de emisiones, hay otros no tan evidentes y de sentido contrario, como por ejemplo la interacción entre la integración masiva de renovables y la caída del precio del CO22 que está impidiendo que se generen los fondos necesarios para invertir en tecnologías de bajas emisiones.
Las opciones “irrenunciables” para realizar el camino hacia 2050, es decir, el incremento de la producción renovable, la mejora en la eficiencia energética y la inversión en infraestructuras energéticas que favorezca la integración del mercado europeo, el citado crecimiento de producción renovable y la gestión inteligente de la demanda tendrán, forzosamente, un impacto en los precios del mercado durante este periodo.
Por tanto, es una obligación garantizar que los objetivos se alcanzan de la forma más eficiente y la propia consulta plantea interrogantes en cuya discusión el análisis económico tendrá un papel central, como siempre debió tenerlo. 
No se discute la importancia del impulso político para conseguir la transformación que plantea el sector energético europeo para las próximas décadas, pero no es posible abstraerse de la necesidad de adaptar la estrategia para su consecución teniendo en cuenta la actual situación de crisis, los problemas presupuestarios de muchos países, la evolución de los mercados de energía, la competitividad de la industria o los compromisos del resto del mundo para la reducción de emisiones.
La conclusión que debemos esperar es que los límites concretos que se fijen en los próximos meses para los objetivos de reducción de CO2, renovables y eficiencia energética en 2030,  que son el objeto del primer bloque de la consulta de la Comisión Europea, serán analizados de forma conjunta bajo el prisma de la eficiencia económica. 
La segunda propuesta la extraigo del capítulo sobre renovables de la resolución del Parlamento.
El Parlamento identifica y subraya el importante papel de la Comisión para estudiar la transición de las energías renovables hacia un nuevo escenario de producción masiva, proyectos a gran escala, mayor número de tecnologías y también, en el aspecto económico, la transición de los esquemas de incentivos al mercado en competencia.
En este sentido anima a promover (siempre bajo el adjetivo de coste-efectividad) las medidas que permitan integrar en el sistema eléctrico el mayor volumen posible de energía renovable, analizando esquemas de desarrollo del almacenamiento, aseguramiento de la potencia de reserva y lo más importante, las inversiones en la adaptación de la red de transporte europea3.
Nuestro Sistema Eléctrico es una muestra clara de que las tecnologías renovables dejaron hace tiempo de ser una anécdota dentro de la industria eléctrica. Sin entrar en el debate sobre el coste que supone esta producción, es evidente que tanto Red Eléctrica de España en su función de Operador del Sistema como las energías convencionales4 con su flexibilidad, han sido capaces de facilitar la integración de un volumen de energía renovable no gestionable que hace apenas 10 años era impensable. Pero por otra parte, el funcionamiento del Mercado Mayorista se ve afectado por el hecho de  que la mayor parte de la producción que participa en él no es sensible a su precio, por recibir sus ingresos a través de otros esquemas de retribución al margen del mercado, y está dejando de ofrecer precios que puedan utilizarse como una señal de inversión a largo plazo5
Si para algún país tiene sentido la petición del Parlamento Europeo para una transición de la producción renovable “from subsidised to competitive” ese es el nuestro. 
Generación del mes de marzo de 2013. Fuente: REE.
Tampoco quería dejar de señalar que la declaración del Parlamento, aún reconociendo la autonomía de los estados Miembros, anima a que cualquier planificación, estrategia o “roadmap” para el desarrollo del sector energético (y de la producción renovable en particular) debe basarse en un modelo económico global. Mientras cada país evolucione siguiendo sus propios criterios, sin establecer al menos un esquema compartido de incentivos a nivel europeo, el éxito de estas iniciativas estará en entredicho.
Para concluir, creo que la opción de la Unión Europea por liderar la transición hacia una economía baja en emisiones de carbono en las próximas décadas sigue intacta. Pero ahora es consciente de que no se trata sólo de marcar objetivos ambiciosos en todos los criterios, sino que lo realmente crítico es que sean coherentes entre sí.
Y que el coste, importa.

1 Reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero respecto a 1990 entre el 80 y el 95%
2 Este hecho hace que, por ejemplo, Reino Unido esté planteando un precio mínimo para el CO2 en su regulación. Lo que a su vez interferirá, posiblemente, con el ETS…
3 No olvidemos que el Plan Decenal de Desarrollo de la Red Europea 2012, prevé una inversión de más de 100.000 MEUR y está destinada, en un 80% a la integración de producción renovable.
4 En particular los ciclos combinados que han pasado de una utilización de 4.000 horas anuales en 2008 a 1.500 en 2012.
5 Lo que nos lleva nuevamente al debate acerca de si el mercado de energía es suficiente para dotar de señales de inversión a los agentes o si debe complementarse con mecanismos adecuados de retribución de la capacidad. 


FUENTE

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