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lunes, 22 de junio de 2020

PANDEMIA Y MEDIO AMBIENTE: VEREMOS Y DESPUÉS LO SABREMOS

PANDEMIA Y MEDIO AMBIENTE: VEREMOS Y DESPUÉS LO SABREMOS Mariano Jäger  y Carlos Fernández Balboa

Especial para sitio IADE-Realidad Económica 11-06-2020
Replantear la economía desde el ambiente, desde la vida. Una mirada post Covid-19.


En el 2012, el periodista y científico David Quammen escribió un libro cuyo título hoy resulta escalofriante: “Spillover (derrame, o desbordamiento) – Infecciones animales y la próxima pandemia humana”. Allí planteaba que la causa de la próxima epidemia mundial se debería a un virus zoonótico proveniente de un animal silvestre – probablemente un murciélago- originario de algún mercado de China. Sus predicciones partían del conocimiento de que las aproximadamente 1100 especies de quirópteros (Chiroptera), más conocidos como murciélagos, representan alrededor del 20 % de todas las especies de mamíferos, el segundo orden más numeroso de esta clase luego de los roedores. Los quirópteros habitan en todos los continentes excepto por la Antártida, se crían en cuevas con hasta 60.000 ejemplares y conviven con infinidad de virus. Para Quamenn no era más que un cálculo estadístico que algo iba a suceder con estos animales y los virus. 

Si la pandemia Covid 19 no se produjo con premeditación o como accidente, es necesario tomar un nuevo camino de pensamiento respecto de la seguridad. Algo tan común en nuestra sociedad como comer un animal, o que alguien haya estado en contacto con él en un mercado puso en jaque a un mundo armado hasta los dientes. Algo está mal orientado. 

Lo mismo sucede si evaluamos el ataque a las torres gemelas. La seguridad del mundo cambió drásticamente cuando con unos cuchillos de plástico y poco dinero unos individuos con la decisión de morir por su causa, tomaron unas lecciones de vuelo. 

Como visionario que es, Quammen sostuvo también que debemos tener mucho cuidado para que la infodemia, repleta de contradicciones y generadora de miedo inútil, no haga que el distanciamiento social nos lleve a un alejamiento emocional que nos haga mirar a otros como si fueran una amenaza o nuestros enemigos. 

La destrucción sistemática de los ecosistemas con sus implicancias en el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, sumadas al crecimiento sostenido de la población mundial y al aumento exponencial de la conectividad de las distintas regiones a través de la intensificación del tráfico aéreo, marítimo y terrestre tuvieron como correlato la globalización de las enfermedades y de la economía. La situación de globalización generó una nueva vulnerabilidad, la vulnerabilidad global. 

El estado de crisis permanente es una excusa para explicar la necesidad de diarios recortes en las políticas sociales (salud, educación, medio ambiente seguridad social) o la degradación del salario real. Cabe entonces preguntarse: ¿cuáles son los propósitos de mantener el estado de crisis permanente? Básicamente en lo que a este artículo refiere podemos pensar que son dos: legitimar la escandalosa concentración de la riqueza y boicotear medidas efectivas para prevenir la inminente catástrofe ambiental1. 

Oxfam Internacional en el 2019 aseveró que en el año 2017 las ocho personas más ricas del mundo tenían la misma riqueza que la mitad del planeta. Ese mismo año, la fortuna Jeff Bezos, fundador y director ejecutivo de Amazon y el hombre más rico del mundo era de u$s 112.000 millones. Solo para tener un parámetro de comparación basta saber que el presupuesto de salud de Etiopía equivale al 1% de esta cifra. La riqueza de los multimillonarios del mundo aumentó en u$s 900.000 millones en el 2018, alrededor de u$s 2.500 millones por día. Mientras esto sucedía, los ingresos de la mitad más pobre del planeta cayeron un 11%. Otro dato que aporta Oxfam es que desde la crisis financiera del 2008 se duplicó el número de multimillonarios.

Como si esto fuera poco, los ricos se benefician hoy de los menores niveles impositivos de las últimas décadas. La riqueza infra gravada hace que los gobiernos con voluntad política no tengan recursos suficientes para financiar los servicios públicos o las situaciones de crisis como la que estamos viviendo. La negativa de los ricos entre los ricos argentinos a pagar un impuesto solidario para paliar la crisis por el Covid 19 puede ser entendida desde lo estrictamente personal, no justificada. Lo que es incomprensible, al menos para los autores, es que otros ciudadanos, cuyos patrimonios están muy, pero muy lejos de ser afectados por el potencial impuesto, estén en contra y defiendan a quienes durante siglos los han expoliado. 

La necesaria mirada ambiental 

Los cambios sociales que se proponen desde el ambientalismo, o desde los grupos de acción social, casi siempre pasan desapercibidos. Además de muy lentos e insignificantes en su impacto cuantitativo, son expresiones del voluntarismo social y no de las políticas de estado. El Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio requiere cambios drásticos en nuestros comportamientos y patrones de consumo diarios. Nuestra capacidad de adaptación es tan alta que los cambios exigidos de repente se vuelven posibles, como si siempre hubieran existido. Más allá del apremio económico, hubo que quedarse en casa, cambiar algunos patrones de conducta y disminuir el consumo superfluo. Esto sucedió mientras ganamos tiempo para leer, compartir con los afectos, prescindir de la adicción de visitar los shoppings y repensar lo que se desea y tiene verdadero valor. La idea de que no había alternativa a la forma de vida impuesta, ritmo vertiginoso y consumo desenfrenado, a partir del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio se puso en duda desde los hechos y no desde el discurso. 

Cuando finalice la mal llamada cuarentena y salgamos de nuestras casas, veremos que la pandemia tuvo entre otros correlatos que la tierra siguió girando y que ha habido, como los mensajes por las redes sociales señalan, algunas consecuencias positivas sobre el ambiente: los ríos están más limpios y el silencio y nuestra relajación ahora permiten que haya y se vea mayor biodiversidad alrededor de los centros poblados. Esta situación es lógica y su explicación se da por la menor cantidad de contaminantes en el aire, el descenso en la intensidad de los decibeles, movimientos extraños u otras situaciones que espantan o generan estrés en los animales. Manteniéndonos en el ámbito urbano, podemos agregar que a la situación anterior se suma la posibilidad de que en nuestros días de asilamiento al desacelerar nuestro ritmo de vida estemos más predispuestos a prestar atención a nuestro entorno. Especies que hace un año eran difíciles de ver han vuelto y en cantidad. La ausencia de insecticidas, humo y otros elementos alterantes, permitieron que en este corto plazo los insectos, tanto los deseables como los perjudiciales, hayan incrementado sus poblaciones.

La NASA2 ha declarado que nunca se ha visto una ruptura tan dramática de contaminación en un área tan vasta. El clima es el ejemplo más trágico del tipo de crisis ambiental que enfrentamos. Como informa el periódico The Guardian del 5 de marzo de 2020, según la OMS3 la contaminación del aire, que es solo una dimensión de la crisis ecológica, mata a 7 millones de personas cada año. Según la WMO4, el hielo antártico se derrite seis veces más rápido que hace cuatro décadas, y el de Groenlandia, cuatro veces más rápido de lo esperado. 

Según la ONU5, tenemos diez años para evitar un aumento de la temperatura global promedio de 1.5 grados en relación con la era preindustrial. Los modelos de predicción no nos dicen cuál será la distribución espacial del cambio climático esperado. Los efectos serán muy dispares si en una región es de 2,5 grados y en otra de 0,5 grados. Los impactos y sus consecuencias sobre la vida de las personas, la fauna y la flora, los cultivos, los ciclos de evapotranspiración, etc. serán diferentes en cada región. 

No debemos olvidarnos de los responsables de la situación climática. La contribución al desastre y la distribución de los beneficios por los impactos tampoco es equitativa, tampoco los son las responsabilidades y obligaciones futuras para encararlo. Los países “ricos industrializados”, encabezados por los Estados Unidos, seguidos por China y los ricos europeos deben correr por un carril distinto al de los países pobres. 

Por más que la industria de los países ricos, mayor contribuidora al cambio climático, modifique su comportamiento pernicioso hacia el clima ahora mismo, deberemos enfrentar las consecuencias de los comportamientos pasados. La crisis climática tiene inercia, las medidas tomadas hoy no provocan una respuesta inmediata, serán décadas las que tardarían en desaparecer los efectos de las acciones pasadas. 

Mientras todo esto sucede no se implementa un plan global de largo plazo. Se dan debates interminables y los países ricos siguen enriqueciéndose y los pobres empobreciéndose y haciéndose más vulnerables. En este contexto dramático de concentración de la riqueza y emergencia ambiental llega el Covid 19. 


En busca de un cambio de paradigma 

Como el capitalismo salvaje no perdona y aprovecha, mientras estamos en nuestras casas las palas mecánicas, los bulldozers y las motosierras aceleran los desmontes y el esfuerzo pesquero aumenta su avidez. Las noticias nos alertan y no parece haber una reacción taxativa ni de corto ni de largo plazo. No se termina de entender que la destrucción de los bosques y la depredación de los mares junto a las malas prácticas industriales son los principales motivos de la crisis ambiental, incluido el cambio climático y muy posiblemente la causa de pandemias pasadas y futuras. Virus y bacterias que se encuentran en su hábitat natural, al verlo destruido buscan sobrevivir y reproducirse, es entonces que se tornan una amenaza. 

En el plano económico, el modelo de acumulación capitalista, sus preceptos de la competencia vigentes por décadas y su condición de artífice de los destinos del mundo, después de la pandemia mostrarán cambios. Seguramente uno de los efectos será que muchas pequeñas y medianas empresas habrán debido cerrar sus puertas. La falta de capacidad financiera para sostenerse en este período sin ingresos y soportando egresos seguramente dejará a muchas fuera del mercado. Es posible que a las pequeñas les cueste...
[...} 

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 1 Los sectores más retrógrados del pensamiento siguen negando la catástrofe ambiental que las tecnologías y los patrones de consumo producen. 
2 National Aeronautics and Space Administration (NASA)// Administración Nacional de la Aeronáutica y el Espacio de los Estados Unidos de América. 

* Director Instituto de Medio Ambiente y Coordinador de la Maestría en Gestión Ambiental de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM). Presidente del Centro Argentino de Desarrollo Sustentable (CADDES). 
** Universidad de San Martin, Escuela Nacional de Museologia. Dirección de Patrimonio de la Pcia. de Bs.As.

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