Él sabe una cosa o dos acerca de cómo funciona el universo.
Así que cuando el físico de renombre lanza una advertencia de que nuestro tiempo en la Tierra se está acabando, probablemente vale la pena escucharlo.
Hawking dijo recientemente a una audiencia en el hospital Cedars-Sinai Medical Center de Los Ángeles que, si la humanidad quiere seguir existiendo, tenemos que salir de esta roca en la que vivimos – pronto.---
Stephen dijo que los seres humanos "no sobrevivirán otros 1.000 años sin escapar de nuestro frágil planeta", y que es necesario continuar la exploración espacial para que podamos salir de este barco que se hunde llamado Tierra.
Si la humanidad ha de sobrevivir a largo plazo, deberá encontrar una manera de hacerlo fuera del planeta Tierra, y deberá hacerlo rápidamente" dijo lapidariamente el famoso astrofísico Stephen Hawking.
"Los seres humanos "atrapados" en la Tierra están en riesgo de dos tipos de catástrofes", dijo Hawking.
"En primer lugar, las que producimos nosotros mismos, como los posibles efectos devastadores del cambio climático, o incidentes nucleares o una guerra biológica. En segundo lugar se encuentran los fenómenos cósmicos que también podrían significar nuestra muerte.
Unasteroide que impacte sobre la Tierra podría matar a grandes franjas de población y hacer el planeta inhabitable, o una explosión de una supernova cerca de nuestro planeta podría ser el fin de la Tierra. Incluso la vida en la Tierra podría verse amenazada por una civilización extraterrestre".
"De hecho, los seres humanos deberán en los próximos 200 años encontrar la manera de "escapar de nuestro planeta",de lo contrario nuestra especie podría estar en peligro de extinción", dijo Hawking en una reciente entrevista con el sitio de videos Big Think.
"Va a ser bastante difícil evitar un desastre en los próximos cien años, y mucho menos los próximos mil o un millón", dijo Hawking.
"Nuestra única oportunidad de supervivencia a largo plazo no es permanecer mirando hacia adentro del planeta Tierra, sino mirar hacia el espacio."
El objetivo es desarrollar una fórmula única para que municipios avalúen mejor cada especie arbórea cuando sea necesario determinar daños
Académicos de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Talca proponen crear una fórmula única para que municipios avalúen mejor cada especie arbórea cuando sea necesario determinar daños, favoreciendo el cuidado de los árboles en las ciudades. La valoración económica del arbolado urbano se ha implementado principalmente en naciones desarrolladas. En nuestro país su aplicación se ha dado a nivel municipal —a través de los Juzgados de Policía Local— para compensar monetariamente el daño que se produzca en espacios de uso público. La valoración también se aplica en un contexto privado.
Sin embargo, la tasación de cada árbol en zonas urbanas no siempre establece un valor real, ya que se realiza de manera inadecuada mediante métodos que no consideran las variables relevantes.
“Existen diferencias de valoración de hasta un 2 mil por ciento para un mismo tipo de árbol”, explicó el académico de la Facultad de Ciencias Forestales, Mauricio Ponce, investigador responsable del proyecto Fondecyt Regular 2013 “Valoración del arbolado urbano. Propuesta de fórmula para Chile Central”.
La investigación científica —que se desarrollará durante dos años con una inversión de 40 millones de pesos— tiene como objetivo la construcción de una fórmula nacional que permita valorar los árboles en áreas urbanas de la zona central, en base a los métodos de países desarrollados y los aplicados a nivel nacional.
La iniciativa permitirá favorecer el cuidado de estas especies vegetales cuando sean dañadas o debido a construcciones urbanas. Determinar el daño a este bien público le corresponde a las municipalidades.
Mauricio Ponce dijo que las fórmulas para la valoración económica de los árboles son el método más usado en Estados Unidos, Australia, Reino Unido, Nueva Zelandia o España, con metodologías estudiadas, revisadas y actualizadas que consideran la importancia y contribución del árbol urbano en las ciudades.
Múltiples Variables
Para obtener el método más adecuado se considerarán múltiples variables tales como la forma, la ubicación, edad, tamaño, características fitosanitarias, o si es patrimonial. También aspectos de tipo ambiental como la capacidad para captar carbono, para reducir las temperaturas, para disminuir el ruido y otras funciones ambientales de estas especies.
“La normativa municipal es variable. La ley permite que se apliquen multas, pero están asociadas a la infracción, no con el objetivo de resarcir el daño. Por ejemplo, en un accidente si alguien destruye un árbol se le aplica una multa (…) Hay casos donde la valoración es casi cero y muchas veces se entiende que la sustitución de un árbol por otros dos o tres nuevos compensaría la extracción de una especie adulta, lo que no es así”, afirmó Ponce. Agregó que también hay escasas competencias profesionales para la correcta aplicación de estas normativas.
Óscar Vallejos, académico de la Facultad de Ciencias Forestales y coinvestigador del proyecto, expresó que los parámetros de valoración son muy diversos en las comunas. “La idea es proponer una fórmula que capture la variabilidad y tenga un rango similar a las formulas internacionales (…) Uno espera que exista la intención de la población de cuidar los árboles”.
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Ambos académicos aseguraron que el resultado del estudio podrá ser incorporado en las normativas municipales para que exista una única fórmula, favoreciendo la actuación de sus funcionarios en contextos urbanos de uso público o particular, y el ejercicio profesional privado.
by patriciausle
Otra mirada: reflexión del pensador budista Satish Kumar, sobre el entendimiento de la Naturaleza a través de lo que el llama ”ecología profunda”. Puede ser interesante para situarnos en el tema.
Esta visión del mundo esta muy ligada a la Teoría del Decrecimiento, un movimiento filosófico actual nacido en Francia, cuyo fundador es Serge Latouche. Recomiendo ver alguna de sus entrevistas en youtube. Enfoca el consumo y la economía de una manera que nos puede ser de mucho interés para el tema de las Islas de Consumo.
¿Ha servido para algo el activismo
ecológico? ¿Han forjado los verdes
una política común? ¿Escuchan los
políticos a los científicos cuando
alertan sobre el cambio climático? ¿Puede la Tierra soportar más
agresiones?
El sociólogo, antropólogo
y filósofo francés Bruno Latour
(Beaune, 1947) lleva más de 20 años
reflexionando sobre estos asuntos, y
su pronóstico es desolador.
A su
juicio, la llegada de los ecologistas a
la política ha sido un fracaso porque
los verdes han renunciado al debate
inteligente, los políticos se limitan a aplicar viejas recetas sin darse cuenta de que la
revolución se ha producido ya y fue “una catástrofe”: ocurrió en 1947, cuando la población
mundial superó el número que garantizaba el acceso a los recursos.
Según Latour, es
urgente poner en marcha una nueva forma de hacer ecología política, basada en una
constitución que comprometa a gobernantes, científicos y ciudadanos a garantizar el futuro
de la Tierra. Esta idea es una de las propuestas de su libro Políticas de la naturaleza.
Por una
democracia de las ciencias, publicado en Francia en 1999 y que ahora edita en español RBA.
Latour, aire de sabio despistado, recibe a El País Semanal en su caótico y enorme despacho
del Instituto de Estudios Políticos de París, del que es director científico y director adjunto
desde 2007.
PREGUNTA:Este libro se publicó en Francia hace ya 14 años. ¿Sigue suscribiendo lo que
escribió? RESPUESTA: Casi todo, sí. Pero las cosas no han mejorado. He seguido trabajando en lo
mismo, pero con otro tono. Hoy debo de ser el único que se ocupa de estas cuestiones, de
una filosofía política que exige una verdadera política ecologista. Lo que no ha funcionado es
que pensé que iba a ser un libro fundador para los ecologistas. ¡Y ha sido un fracaso total!
Los ecologistas han desaparecido.
P: En Francia al menos hay verdes en el Gobierno.
R: Sí, pero tienen una visión muy estrecha de la ecología, no reflexionan ni sobre la
economía ni sobre la sociedad. La ecología está limitada a las cuestiones de la naturaleza,
cuando en realidad no tiene nada que ver con eso.
Hay que elegir entre naturaleza y política.
Desgraciadamente, se ha intentado hacer una política ecologista que no ha producido nada bueno porque se ha basado en la lucha tradicional, que tenía como objetivo torpedear la
política o, mejor, someterla; en cierto modo, los verdes actúan como un tribunal que trata de
definir una especie de soberanía.
P: ¿De superioridad moral o natural?
R: Sí, pero sobre todo de estupidez.
Evidentemente, el tomar la naturaleza como un fin no ha
hecho más que debilitar la posición de los ecologistas, que nunca han sido capaces de hacer
política; en fin, auténtica política en el sentido de la tradición socialista, en la que se hubieran
debido inspirar. No han hecho el trabajo que el socialismo primero, el marxismo después y
luego la socialdemocracia hicieron. No ha habido, para nada, un trabajo de invención
intelectual, de exploración; han preferido “el escaparate”. Puede que no hubiera otra solución,
pues no estaba escrito que la ecología se fuera a convertir en un partido.
P: ¿Entonces el ecologismo es hoy una especie de activismo sin
conexión científica? R: Ha habido movimientos interesantes gracias a una casuística
muy concreta, importante en lo que concierne a los animales, las
plantas, los dientes de los elefantes, el agua, los ríos, etcétera. Han
mostrado además gran energía en las cuestiones locales, pero sin
afrontar las cuestiones de la política, de la vida en común. Por eso el ecologismo sigue
siendo marginal, justo en un momento en que las cuestiones ecológicas se han convertido en
un asunto de todos. Y se da una paradoja: la ecología se ocupa de temas minúsculos
relacionados con la naturaleza y la sociedad mientras que la cuestión de la Tierra, la
presencia de la Tierra en la política, se hace cada vez más apremiante. Esa urgencia, que ya
era acuciante hace 10 o 15 años, lo es mucho más ahora.
P: ¿Quizá ha faltado formar una Internacional Verde? R: No se ha hecho porque los ecologistas pensaban que la Tierra iba a unificar todos estos
movimientos. Han surgido un montón de redes, basadas en casos concretos, como
Greenpeace. Hay asociaciones, pero nada a nivel político. La internacional sigue siendo la
geopolítica clásica de los Estados nación. No ha habido reflexión sobre la nueva situación.
Existe una ecología profunda, deep ecology, en Francia prácticamente inexistente, que ha
tenido un papel importante en Alemania, en los países escandinavos y en Norteamérica. Pero
está muy poco politizada.
P: Estamos ante un fracaso político y ante una mayor conciencia de los científicos. ¿Y los
ciudadanos? R: Paradójicamente, esa dolorosa pelea sobre el clima nos ha permitido progresar. En cierto
modo, la querella ha tenido un papel importante en una “comprensión renovada” por parte del
público de la realidad científica. El problema es que intentamos insertar las cuestiones
ecológicas en el viejo modelo “ciencia y política”. Desde este punto de vista, incluso los
científicos más avanzados siguen intentando poner estas cuestiones dentro del marco de esa
situación superada que intento criticar. Este es el tema del libro, y en ese sentido sigue de
actualidad.
P: En Francia hay una identificación entre ecologismo y territorio. José Bové, por ejemplo, es
un proteccionista a ultranza. Es rara esta evolución de la ecología hacia el nacionalismo,
¿no? R: Sí, pero al mismo tiempo es útil e interesante replantearse lo que es el territorio, el
terruño, por usar la palabra francesa. Los ecologistas siempre se han mostrado indecisos
sobre el carácter progresista o reaccionario de su apego a la tierra, porque la expresión en
francés puede significar cosas muy distintas. Pero es importante, porque es una de las
dimensiones de la cuestión ecológica, tanto de la progresista como de la arcaica. Ese era
uno de los objetivos fundamentales del libro, saber si hemos sido realmente modernos
alguna vez. Hay aspectos regresivos en el apego al terruño, y a la vez hay otros muy importantes sobre la definición de los límites, de los entornos en los cuales vivimos, que son
decisivos para el porvenir.
Una vez más, los verdes han omitido trabajar esa cuestión. Pero el
problema de la orientación, de la diferencia entre el apego reaccionario o progresista a la
tierra, es fundamental. Si vemos movimientos como Slow Food, nos preguntamos si están
adelantados o retrasados, porque tienen aspectos regresivos. Pero si se piensa en el tema
de los circuitos de distribución, ¿por qué las lasañas inglesas tendrían que estar hechas con
caballo rumano y transitar por 25 intermediarios? No es una tontería: si tomamos caballo
francés, rumano o turco, las cuestiones de pertenencia y de límites se convierten en
cuestiones progresistas.
P: Su libro llama a superar los esquemas de izquierda y derecha.
Pero no parece que eso haya cambiado mucho. R: El debate afronta un gran problema. Hay una inversión de las
relaciones entre el marco geográfico y la política: el marco ha
cambiado mucho más que la política. Las grandes negociaciones
internacionales manifiestan esa inercia de la organización
económica, legal y política, mientras que el marco, lo que antes
llamábamos la Tierra, la geografía, cambia a velocidad asombrosa.
Esa mutación es difícil de comprender por la gente acostumbrada a
la historia de antes, en la cual había humanos que se peleaban,
como en el siglo XX: hombres haciéndose la guerra dentro de un
marco geográfico estable desde la última glaciación. Es una razón
demasiado filosófica. Así que preferimos pensar que tenemos
tiempo, que todo está en su sitio, que la economía es así, que el
derecho internacional es así, etcétera. Pero incluso los términos
para señalar las aceleraciones rápidas han cambiado, volcándose
hacia la naturaleza y los glaciares. El tiempo que vivimos es el del
antropoceno, y las cosas ya no son como antes. Lo que ha
cambiado desde que escribí el libro es que en aquel momento no
teníamos la noción del antropoceno. Fue una invención muy útil de
Crutzen, un climatólogo, pero no existía entonces, me habría
ayudado mucho.
P: ¿Y qué fue de su propuesta de aprobar una constitución
ecológica? R: Intenté construir una asociación de parlamentarios y lanzar una
constitución para que las cuestiones de la energía empezaran a ser
tratadas de otro modo. Intentaba abrir un debate, que naturalmente
no ha tenido lugar. El debate sobre la Constitución empezó bien, se
consideró una gran invención de la democracia europea. El
problema es que ya no se trata de la cuestión de la representación
de los humanos, sino que ese debate atañe a los innumerables
seres que viven en la Tierra. Me parecía necesario en aquel
momento, y ahora más incluso, hacer un debate constitucional.
¿Cómo sería un Parlamento dedicado a la política ecológica?
Tendrá que crearse, pero no reflexionamos lo suficiente sobre las
cuestiones de fondo.
P: ¿Las grandes conferencias medioambientales resuelven algo? R: El problema es que la geopolítica organizada en torno a una
nación, con sus propios intereses y nivel de agregación, está mal
adaptada a las cuestiones ecológicas, que son transnacionales.
Todo el mundo sabe eso, los avances no pueden plasmarse ya a
base de mapas, no jugamos en territorios clásicos. Así, desde
Copenhague 2009 hay una desafección por las grandes cumbres, no solo porque no se consigue decidir nada, sino también porque nos
damos cuenta de que el nivel de decisión y agregación política no es
el correcto. De hecho, las ciudades, las regiones, las naciones, las
provincias, toman a menudo más iniciativas que los Estados.
P: Francia es uno de los países más nuclearizados del mundo. Los
ecologistas braman. ¿Le parece bien? R: Los ecologistas se han obstinado en la cuestión nuclear, pero
nadie ha venido a explicarnos por qué lo nuclear es antiecológico,
mientras mucha gente seria considera que el átomo es una de las
soluciones, a largo plazo no, pero a corto plazo sí. De nuevo
estamos ante la ausencia total de reflexión política por parte de los
ecologistas, que militan contra lo nuclear sin explicar por qué. Por
consiguiente, no hemos avanzado un centímetro. De hecho, en este
momento hay un gran debate público sobre la transición energética,
y los verdes siguen siendo incapaces de comprender nada, incluso
de discutir, porque han moralizado la cuestión nuclear. Cuando se
hace ética, no hay que hacer política, hay que hacer religión.
P: ¿Está realmente en cuestión la supervivencia de la especie? R: La especie humana se las apañará. Nadie piensa que vaya a
desaparecer, ¿pero la civilización? No se sabe lo que es una Tierra
a seis u ocho grados, no lo hemos conocido. Hay que remontarse
centenares de millones de años. El problema no se abordaba con la
misma urgencia cuando escribí el libro en 1999, se hablaba aún de las generaciones futuras.
Ahora hablamos de nuestros hijos. No hay una sola empresa que haga un cálculo más allá
de 2050, es el horizonte más corto que ha habido nunca. La mutación de la historia es
increíblemente rápida. Ahora se trata de acontecimientos naturales, mucho más rápidos que
los humanos. Es inimaginable para la gente formada en el siglo XX, una novedad total.
P: ¿Es la globalización? ¿O más que eso? R: Tiene relación con la globalización, pero no por la extensión de las conexiones entre los
humanos. Se trata de la llegada de un mundo desagradable que impide la globalización real:
es un conflicto entre globos. Nos hemos globalizado, y eso resulta tranquilizador porque todo
está conectado y hace de la Tierra un planeta pequeño. Pero que un gran pueblo sea
aplastado al chocar con otra cosa tranquiliza menos.
P: ¿Y el malestar que sentimos, la indignación, tiene que ver con
ese miedo? R: Ese catastrofismo siempre ha existido; siempre ha habido
momentos de apocalipsis, de literatura de la catástrofe; pero al
mismo tiempo existe un sentimiento nuevo: no se trata del
apocalipsis de los humanos, sino del final de recursos, en un
sentido, creo, literal.
P: ¿Nos hemos zampado el planeta? R: La gente que analiza el antropoceno dibuja esquemas de este tipo (muestra un famoso
gráfico de población y recursos). Esto se llama “la gran aceleración”, ocurrió en 1947. La
revolución ya ha tenido lugar, y es una de las causas de esa nueva ansiedad. La gente sigue
hablando de la revolución, desesperándose porque no llega, pero ya está aquí. Es un
acontecimiento pasado y de consecuencias catastróficas. Eso también nubla la mente de
progresistas y reaccionarios. ¿Qué significa vivir en una época en la cual la revolución ha
ocurrido ya y cuyos resultados son catastróficos?
P: ¿No querrá decir que la austeridad es la solución?
R: Ya existe el concepto del decrecimiento feliz, no sé si la tienen en España… ¡Sí! Ustedes
están muy adelantados sobre decrecimiento.
P: Estamos en plena vanguardia, pero del infeliz. R: Es uno de los grandes temas del momento, la crisis económica es decrecimiento no
deseado, desigualmente repartido; y hay algo más: austeridad no es necesariamente la
palabra, sino ascetismo. Sería la visión religiosa, o espiritual, de la austeridad. Eso se
mezcla con las nuevas visiones geológicas de los límites que debemos imponernos…
P: ¿Habla del regreso al campo o de reconstruir el planeta? R: No me refiero a volver al campo, sino a otra Tierra.
P: ¿La tecnología es la única brújula? R: La tecnología se encuentra en esa misma situación. Existe una solución muy importante
de la geoingeniería, que considera que la situación es reversible, que se pueden recrear
artificialmente unas condiciones favorables tras haberlas destruido sin saberlo. Así ha
surgido un inmenso movimiento de geoingeniería en todas partes. Ya que es la energía de la
Tierra, podemos mandar naves espaciales, modificar la acidez de las aguas del mar,
etcétera. Hacer algo que contrarreste lo que se hizo mal. Si hemos podido modificar la Tierra,
podemos modificarla en el otro sentido, lo que es un argumento peligroso, porque la
podemos destrozar por segunda vez.
P: ¿No se regenerará sola? R: Sí, ¡pero sin humanos! Se regenerará sola mientras no haya humanos. Puede deshacerse
de nosotros, es una de las hipótesis, volviéndose invivible, pero eso no sería muy positivo. La
era de los límites puede llegar hasta la extinción.
P: ¿Acabaremos fatal? R: La historia no está repleta de ejemplos favorables. No se sabe. No hay nada en la
naturaleza humana que favorezca la reflexión, por lo cual la solución solo puede ser mala.
P: Algunos temen que acabaremos devorados por los chinos. R: Los chinos tienen más problemas que nosotros y corren el peligro de comerse a sí
mismos por el suelo, el agua y el aire. No nos amenazan, desaparecerán antes que nosotros.
P: Žižek dice que nuestros problemas provienen de la mediocridad intelectual de Alemania y
Francia, que esa es la razón principal de la decadencia actual. ¿Qué piensa? R: Es una estupidez. Ocurren muchas más cosas intelectualmente en Europa que en
América, infinitamente más. Por ejemplo, en arte, en filosofía, en ciencias, en urbanismo. Es
insensato decir cosas así, pero es que Žižek es un viejo cretino, una especie de cosa de
extrema izquierda, fruto del agotamiento de la extrema izquierda, de su decadencia final, de
la cual es el síntoma. Por otra parte, es un chico muy majo. La extrema izquierda se ha
equivocado tanto sobre el mundo que al final todos estos viejos de extrema izquierda no
tienen otra cosa que hacer salvo vomitar sobre el mundo, como hace Alain Badiou en
Francia.
P: ¿Prefiere a Marine Le Pen?
R: No soy político, no puedo responder a esta pregunta, no me interesa.
P: ¿No le gusta hablar de política? R: Sí hablo de política, he escrito un libro sobre política, ¡que yo sepa!, Las políticas de la
naturaleza.
P: ¿No le interesa la política de todos los días? R: La de todos los días sí, pero no la de los partidos, son agitaciones superficiales, sobre
todo en Francia, donde ya no hay verdaderamente política.
P: Critica a la extrema izquierda, ¿y nada a la extrema derecha? R: Se agita, intenta agarrarse a un clavo ardiendo, pero no tiene mucha importancia. No es
ahí donde las cosas están en juego.
P: ¿Cree que es residual? R: No, no es residual, puede desarrollarse y provocar daños, tanto como la extrema
izquierda; el no pensar siempre provoca daños, pero no es eso lo que va a solucionar los
problemas de la Tierra, la economía, las ciudades, el transporte y la tecnología.
P: ¿Qué escenario prevé para 2050? ¿Qué Tierra, qué humanidad? R: Ese no es mi trabajo, mi trabajo consiste en prepararnos para las guerras. Las guerras
ecológicas van a ser muy importantes y tenemos que preparar nuestros ejércitos de un modo
intelectual y humano. Ese es mi trabajo.
P: ¿Habrá guerras violentas por el clima? R: La definición misma de guerra va a cambiar, estamos en una situación en la cual no
podemos ganar contra la Tierra, es una guerra asimétrica: si ganamos, perdemos, y si
perdemos, ganamos. Así pues, esta situación crea obligaciones a multitud de gente y antes
que nada a los intelectuales.
P: ¿La batalla principal es esa? R: Si no tenemos mundo, no podemos hacer gran cosa, ni siquiera la revolución. Cuando se
lee a Marx, uno se queda impresionado por lo que dice sobre los humanos. En esta época, la
cuestión de la ciencia y del margen geográfico, más la presencia de miles de millones de
personas, conforma un escenario crucial. Antes teníamos otros problemas, pero este no.
P: ¿Así que se trata de ser o no ser? R: En cada informe científico, las previsiones son peores, el plan más pesimista siempre
aparece. Hay que tener en cuenta eso. Son previsiones extremas, pero de momento son las
únicas válidas. No se trata de una guerra mundial, sino de una acumulación de guerras
mundiales. Es parecido al invierno nuclear de la guerra fría, una situación de cataclismo,
pero con algunas ventajas: es más radical, pero más lento, tenemos mucha capacidad de
invención, 9.000 millones de personas y muchas mentes inteligentes. Pero también es un
reto. Por tanto, es una cuestión de alta política y no de naturaleza. La política viene primero.
P: ¿Tiene la sensación de estar solo? R: Lo que era complicado en este libro era crear el vínculo entre ciencia y política, y no
puedo decir que haya convencido a mucha gente. Si además se hace el vínculo entre la
religión y las artes, es más difícil. Gente como Sloterdijk sería muy capaz de comprenderlo.
Sin embargo, muchos intelectuales siguen en el siglo XX, como Žižek. Permanecen en un
contexto, en un ideal revolucionario, de decepción. Están decepcionados con los humanos. P: ¿Cree que los humanos se dejarán ayudar? R: Primero hay que ayudar a la Tierra. En el antropoceno ya no se puede hacer la distinción
entre los humanos y la Tierra.
P: ¿Y sus estudiantes están listos para la lucha? R: En mi escuela soy el único en dar clases sobre cuestiones donde no entra la política en el
sentido clásico. Hay un curso o dos sobre cuestiones ecológicas. Es culpa mía, no he
trabajado lo suficiente como para cambiar las cosas. Llevamos mucho retraso.
El antropólogo iconoclasta Bruno Latour nació en la Borgoña, donde surgen los vinos más caros del planeta. Su padre era viticultor. De ahí sus pecualiares análisis sobre el terruño y la tradición. Cursó Antropología y Sociología.
Su formación es tan variopinta como los centros donde ha impartido clase, desde la Escuela de Minas de París hasta la London School of Economics y la cátedra de Historia de Harvard.
Escritor incansable, es autor de una treintena de libros de ensayo, todos los últimos editados por Harvard, por los que circulan la tierra, la sociedad, la
guerra, la energía, la ciencia, la tecnología, la modernidad y los medios de comunicación.
Su último proyecto está conectado con el llamado
medialab, un espacio donde desarrollar conexiones entre las tecnologías digitales,
la sociología y los estudios científicos
Multinacionales de EE.UU. -como Adidas, Nike, eBay, The North Face y Timberland- solicitan una ley contra el cambio climático. Enteráte la discusión que hoy plantean a los poderes centrales.
Una treintena de grandes multinacionales estadounidenses publicaron un comunicado conjunto este miércoles solicitando a Estados Unidos una legislación que luche contra el cambio climático, afirmando que la cuestión es clave para sus negocios.
Un total de 32 compañías, entre ellas el minorista de internet eBay, el gigante tecnológico Intel, el líder del mercado de café Starbucks y las empresas de ropa deportiva Adidas, Nike, Patagonia, The North Face y Timberland calificaron el cambio climático como una amenaza que requiere de un plan de acción coordinado. "No podemos arriesgar el futuro de nuestros hijos sobre la falsa ilusión de que la gran mayoría de los científicos estén equivocados", afirmaron las compañías en un comunicado.
Las empresas afirman que actuar acerca del cambio climático es crítico para Estados Unidos para "mantener el nivel de vida y seguir siendo un verdadero superpoder en un mundo competitivo".
Las compañías afirman que están actuando a su modo para reducir los gases invernaderos responsables del cambio climático, pero que son necesarias medidas nacionales para preservar los recursos naturales y equiparar el terreno entre los principales actores económicos.
Cynthia Curtis de la compañía de software CA Technologies afirmó que las compañías discutieron esta cuestión como ".com y no como .org" y que creía que la legislación podría estimular el crecimiento económico. "Las oportunidades de negocio ligadas a la transición a una economía de energías limpias han estado ausentes, más o menos en el diálogo y queremos cambiar eso", afirmó en un evento que anuncia la campaña de presión por parte de las empresas.
El presidente Barack Obama se ha comprometido a tomar como prioridad la reducción de emisiones luego de que el planeta ha vivido una serie de años más cálidos y en los que han tenido lugar desastres como la supertormenta Sandy, que algunos expertos asocian al cambio climático.
Pero la mayoría de los legisladores del rival partido Republicano, con el apoyo de grupos empresariales, se han opuesto a la legislación, afirmando que sería demasiado costosa y han cuestionado los reportes científicos que avalan el cambio climático.
Un anterior intento de Obama por adoptar una ley sobre la reducción de emisiones fue rechazada por la oposición del senado en 2010. (AFP)
Dentro del maremágnum de propuestas, comentarios, posiciones, informes, evaluaciones, estudios y todo tipo de publicaciones que afloran a diario a cuenta del sector energético y de la política medioambiental de la Unión Europea, a lo largo del pasado mes vieron la luz dos importantes documentos que por su relevancia en lo que concierne a la posición global de la Unión respecto a los objetivos de política energética a largo plazo, merecen especial consideración.
El 14 de marzo el Parlamento Europeo adoptó una resolución acerca de la Comunicación de la Comisión sobre la estrategia energética de la Unión a 2050 (EU2050 Energy Roadmap).
La decisión llegó meses después de la publicación del citado documento, que no fue objeto de mayor discusión a lo largo del segundo semestre de 2012, durante el periodo de presidencia polaca.
Poco después, el 27 de marzo, la Comisión publicó el Libro Verde sobre el marco de la política energética y cambio climático en Europa a 2030, abriendo un proceso de consulta que durará hasta el próximo 2 de julio.
Ambas decisiones tienen un objetivo claro. Impulsar la definición de un marco legal y regulatorio suficientemente estable como para atraer las inversiones necesarias para alcanzar los ambiciosos objetivos planteados y mantener como directrices básicas de la política energética de la Unión “la reducción de gases de efecto invernadero1, reforzar la seguridad de suministro y facilitar el crecimiento económico, la competitividad y el empleo”.
Ambas instituciones coinciden en que es crucial disponer lo antes posible de una propuesta que incluya objetivos concretos en términos de reducción de emisiones, producción renovable y ahorro y eficiencia energética para 2030, de forma que pueda ser útil para facilitar las decisiones de inversión.
No es fácil, ni puede ser objeto de esta modesta entrada discutir todas las consideraciones, valoraciones, alternativas, propuestas etc., que se plantean y que van desde la preocupación por el funcionamiento de los mercados de carbono hasta el análisis del impacto ambiental de nuestra actividad energética en las aguas del Ártico
Sin embargo, sí que me gustaría remarcar un par de ellas.
La primera se plantea en el Libro Verde.
Aparte de explicar que el establecimiento del marco regulatorio energético para 2030 es urgente no sólo para dar seguridad a los inversores sino también para promover el crecimiento económico europeo en la línea de la eficiencia energética y de I+D en tecnologías de producción eléctrica con bajas emisiones y para dar coherencia a la posición europea en las negociaciones sobre cambio climático, reconoce que es ahora el momento de revisar los aciertos y los errores de la estrategia 2020.
Entre ellos cita la conveniencia de establecer objetivos intermedios como la mejor forma de implantar la política energética hacia 2050 y, lo más importante, “identificar la mejor forma de maximizar las sinergias y encontrar equilibrios entre los objetivos de competitividad, seguridad de suministro y sostenibilidad”.
Por fin, es evidente para la Comisión, que el desarrollo de la regulación para alcanzar los objetivos de 2020 y posteriormente los que nos conduzcan hacia el escenario 2050, deben acometerse de forma global y que el modelo óptimo no podrá alcanzar, al mismo tiempo, el precio de la energía más barato para la industria, el mayor nivel de garantía de suministro y el mínimo impacto medioambiental.
Aparte de los claros ejemplos de interacciones positivas, como puede ser entre crecimiento de renovables y reducción de emisiones, hay otros no tan evidentes y de sentido contrario, como por ejemplo la interacción entre la integración masiva de renovables y la caída del precio del CO22 que está impidiendo que se generen los fondos necesarios para invertir en tecnologías de bajas emisiones.
Las opciones “irrenunciables” para realizar el camino hacia 2050, es decir, el incremento de la producción renovable, la mejora en la eficiencia energética y la inversión en infraestructuras energéticas que favorezca la integración del mercado europeo, el citado crecimiento de producción renovable y la gestión inteligente de la demanda tendrán, forzosamente, un impacto en los precios del mercado durante este periodo.
Por tanto, es una obligación garantizar que los objetivos se alcanzan de la forma más eficiente y la propia consulta plantea interrogantes en cuya discusión el análisis económico tendrá un papel central, como siempre debió tenerlo.
No se discute la importancia del impulso político para conseguir la transformación que plantea el sector energético europeo para las próximas décadas, pero no es posible abstraerse de la necesidad de adaptar la estrategia para su consecución teniendo en cuenta la actual situación de crisis, los problemas presupuestarios de muchos países, la evolución de los mercados de energía, la competitividad de la industria o los compromisos del resto del mundo para la reducción de emisiones.
La conclusión que debemos esperar es que los límites concretos que se fijen en los próximos meses para los objetivos de reducción de CO2, renovables y eficiencia energética en 2030, que son el objeto del primer bloque de la consulta de la Comisión Europea, serán analizados de forma conjunta bajo el prisma de la eficiencia económica.
La segunda propuesta la extraigo del capítulo sobre renovables de la resolución del Parlamento.
El Parlamento identifica y subraya el importante papel de la Comisión para estudiar la transición de las energías renovables hacia un nuevo escenario de producción masiva, proyectos a gran escala, mayor número de tecnologías y también, en el aspecto económico, la transición de los esquemas de incentivos al mercado en competencia.
En este sentido anima a promover (siempre bajo el adjetivo de coste-efectividad) las medidas que permitan integrar en el sistema eléctrico el mayor volumen posible de energía renovable, analizando esquemas de desarrollo del almacenamiento, aseguramiento de la potencia de reserva y lo más importante, las inversiones en la adaptación de la red de transporte europea3.
Nuestro Sistema Eléctrico es una muestra clara de que las tecnologías renovables dejaron hace tiempo de ser una anécdota dentro de la industria eléctrica. Sin entrar en el debate sobre el coste que supone esta producción, es evidente que tanto Red Eléctrica de España en su función de Operador del Sistema como las energías convencionales4 con su flexibilidad, han sido capaces de facilitar la integración de un volumen de energía renovable no gestionable que hace apenas 10 años era impensable. Pero por otra parte, el funcionamiento del Mercado Mayorista se ve afectado por el hecho de que la mayor parte de la producción que participa en él no es sensible a su precio, por recibir sus ingresos a través de otros esquemas de retribución al margen del mercado, y está dejando de ofrecer precios que puedan utilizarse como una señal de inversión a largo plazo5.
Si para algún país tiene sentido la petición del Parlamento Europeo para una transición de la producción renovable “from subsidised to competitive” ese es el nuestro.
Generación del mes de marzo de 2013. Fuente: REE.
Tampoco quería dejar de señalar que la declaración del Parlamento, aún reconociendo la autonomía de los estados Miembros, anima a que cualquier planificación, estrategia o “roadmap” para el desarrollo del sector energético (y de la producción renovable en particular) debe basarse en un modelo económico global. Mientras cada país evolucione siguiendo sus propios criterios, sin establecer al menos un esquema compartido de incentivos a nivel europeo, el éxito de estas iniciativas estará en entredicho.
Para concluir, creo que la opción de la Unión Europea por liderar la transición hacia una economía baja en emisiones de carbono en las próximas décadas sigue intacta. Pero ahora es consciente de que no se trata sólo de marcar objetivos ambiciosos en todos los criterios, sino que lo realmente crítico es que sean coherentes entre sí.
Y que el coste, importa.
1 Reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero respecto a 1990 entre el 80 y el 95%
2 Este hecho hace que, por ejemplo, Reino Unido esté planteando un precio mínimo para el CO2 en su regulación. Lo que a su vez interferirá, posiblemente, con el ETS… 3 No olvidemos que el Plan Decenal de Desarrollo de la Red Europea 2012, prevé una inversión de más de 100.000 MEUR y está destinada, en un 80% a la integración de producción renovable. 4 En particular los ciclos combinados que han pasado de una utilización de 4.000 horas anuales en 2008 a 1.500 en 2012. 5 Lo que nos lleva nuevamente al debate acerca de si el mercado de energía es suficiente para dotar de señales de inversión a los agentes o si debe complementarse con mecanismos adecuados de retribución de la capacidad. FUENTE