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lunes, 7 de enero de 2013

“Misiones tiene la clave para enfrentar los efectos de cambio climático”

El ingeniero agrónomo Santiago M. Lacorte.

aseguró que investigaciones científicas revelaron que la vida en los trópicos dependen de la adopción de sistemas silvopastoriles y agroforestales, además de la protección de las selvas nativas aún existentes

 “Cuando llegué a Misiones me instalé en la zona alrededor de lo que es hoy la nueva terminal de ómnibus.
La 32-33 era lugar de potreros, mis vecinos de atrás tenían tambos y al frente, una vecina salía a pastorear a sus dos carpinchos atados a una soga y, donde ahora está la terminal era todo un pajonal rojo, de donde corté pajas para hacer un quincho”, recordó Santiago María Lacorte, ingeniero agrónomo que adoptó a Misiones luego de recibir su título profesional y nunca más se fue.
Oriundo de San Fernando, provincia de Buenos Aires, criado en las afueras de la ciudad, estudió Agronomía en la Universidad de Buenas Aires y en octubre de 1970 pisó suelo misionero como técnico del Inta. Se especializó en pasturas y pastizales tropicales y subtropicales e hizo cursos en el extranjero, dos veces en Australia y cuatro veces en África, en distintos países.
En diálogo con El Territorio, Lacorte aseguró que el futuro y desarrollo de Misiones dependen de una mayor adopción de los sistemas silvopastoriles (árboles con vacas y pasto) y agroforestales (árboles con cultivos abajo).
Y es que estos esquemas productivos resultaron, según investigaciones de la Comisión Brundtland (Ver recuadro), ser una clave para enfrentar el cambio climático. “Es lo que va a permitir la vida en los trópicos.
Además de la conservación de las selvas nativas que aún existen”, indicó.
Para el ingeniero agrónomo de la mano de estos sistemas la provincia podrá disminuir la contaminación, hacer más sustentable todo y recuperar suelos degradados; tienen alternativas de industrias (cárnicas y forestoindustriales).
Además dichos modelos productivos contemplan la diversificación (se puede hacer por ejemplo zanahorias entre pinos) y tienen un alto impacto social y económico ya que generan importantes puestos de trabajo y una industria acorde a la producción, entre otras cuestiones.

 ¿Cómo fue su llegada a Misiones? 

Cuando llegué a la provincia tenía un título muy rimbombante, era “Especialista en Extensión en Producción Animal”. Y empecé a trabajar en todo lo que era Apóstoles y zona de Corrientes. Me había presentado a concurso para trabajar en Mercedes, Corrientes, pero no quedé y el director del Inta Misiones me invitó a venir a la provincia donde no había absolutamente nada en ganadería, por lo que teníamos que empezar desde cero.
Acepté el desafío y desde que llegué nunca más me fui. Lo primero que hice fue un chequeo de todo lo que se estaba haciendo y en ese entonces la ganadería era muy diferente. Incluso vi las tropas de arreo -había pocos camiones- de Alvear, La Cruz, Yapeyú, que iban hacia el Alto Uruguay para abastecer de carne a los distintos pueblos. Eran tropas de 300 y 400 cabezas, en aquel entonces las vacas venían en arreos y se dejaba en los distintos pueblos los animales vivos que habían comprado cada carnicero. Ahora la carne viene faenada y en camiones.

 ¿Cuándo se empezó con los sistemas silvopastoriles? 

Entre 1974 y 1975 comenzamos a hacer algunas experiencias en silvopastoril sin saber qué eran prácticamente. Había muy buen pasto bajo unas forestaciones y se suscitó una discusión entre el equipo forestal y nosotros, que éramos forrajeras. Allí el director ordenó poner animales allí para ver qué sucedía. Se engordaron novillos muy bien, pudimos aprovechar las pasturas que habían abajo y no hubo daños en árboles. Ese fue el inicio.

 ¿Qué importancia tienen estos sistemas en el futuro de la provincia? 

 Hay un informe a nivel mundial que es de la Comisión Brundtland, una entidad conformada por científicos y creada para analizar el futuro del medio ambiente en el mundo.
Las investigaciones del grupo apuntaron que los sistemas agroforestales son los que van a permitir a la humanidad seguir viviendo en los trópicos, teniendo en cuenta el permanente incremento demográfico.
No es que van a reemplazar a la selva ni mucho menos pero por lo menos van a atenuar el daño, es decir es el mal menor.
En esas condiciones se puede seguir trabajando.
Acá hubo proyectos de sistemas agroforestales como en la zona de Alem, donde hubo más de 500 productores asociados a este tipo de proyectos y ha habido un crecimiento no solo económico sino también sociocultural.
La provincia tiene que seguir ese camino. Además tiene todavía selva nativa que debe ser declarada intocable y todo lo que sea suelo degradado deberían ingresar en los sistemas silvopastoriles.

 ¿Qué ventajas tienen estos sistemas? 

 Muchas. Primero, es una tecnología que se adecúa al pequeño y al gran productor; segundo, se puede obtener madera de gran calidad.
Muchas veces se habla de los famosos desiertos verdes y es cierto, pero son personas que no conocen lo que son los sistemas silvopastoriles que son completamente diferentes a todo eso.
En la zona de campos o norte de Corrientes hay trabajos realizados que indican que bajo estos sistemas se observan mayor cantidad de animales de la fauna silvestre.
Se colabora en todo eso y por otro lado, se avecinan tiempos difíciles, hablando de clima.
Siete organismos mundiales de 10 coincidieron en que ya desde el 2000 al 2025 habrá un cambio, intensas tormentas, chaparrones y vientos muy fuertes y es lo que está ocurriendo ahora.
Una de las formas de mantener el recurso del suelo es justamente a través de los árboles.
Se atenúa el impacto de las fuertes lluvias y con las pasturas se evita que el suelo se siga deteriorando.
La otra cosa interesante de este sistema, es que el animal tiene sombra, la pastura tiene mayor calidad y el suelo se mejora con estos sistemas.
Otra cosa importante que a veces se desconoce y conviene recalcarla es que en el futuro el fertilizante va a ser un valor escaso, especialmente el fosfórico y lo que haya se va a destinar al suelo para cultivos de alimento.
Con sombra, el suelo reacciona de una forma espectacular donde libera un fósforo orgánico -sin necesidad de fertilizante- que va a la nutrición de los pastos y por ende a los animales.
También pasa con el nitrógeno, es decir que el pasto tiene más proteínas bajo las forestaciones que a cielo abierto.
 En 2009 dio algunos datos de cuantas hectáreas en pastoril había ganado Misiones,

¿cómo está ahora la provincia?. 

No hay una estadística exacta pero se habla de unas 40 mil aproximadamente en Misiones, según datos del Inta y privados y en Corrientes otro tanto.
Desde el 2009, aumentó un 30 % la superficie con silvopastoril y hay una fuerte tendencia a adoptar ese modelo productivo.
Hay que destacar que es el ganadero el que más acepta esta tecnología, no tanto el forestal, ya que el primero ya tiene la infraestructura para producir ganado (corrales, comederos, cuadros) en cambio a las grandes empresas forestales le complica la ganadería. 

¿Cómo está la relación entre forestación pura y silvopastoriles? 

Las forestaciones siempre son más rentables, mucho más que la ganadería.
En cuanto a superficie, se da en forma conjunta porque los árboles bajo estos sistemas tienen un mejor manejo y producen madera de alta calidad. Si se estanca el precio, siempre la madera de calidad va a desplazar a la baja y esa es la ventaja para el pequeño productor.

 ¿Cuál es la diferencia entre agroforestal y silvopastoril?

El primero se compone de los árboles y cultivos intercalares: maíz, mandioca, poroto negro. Muchas veces se inicia con estos sistemas y luego cuando se van cerrando se ponen las pasturas. El silvopastoril se conforma por la forestación, pasturas y animales.

 ¿Qué papel juegan en el desarrollo de Misiones? 

Desde el punto estratégico de la provincia es que son sistemas más exigentes en puestos de trabajo y que tienen que ser calificados. Así, desde el punto de vista del sector rural se retiene a muchas más personas en trabajos dignos.
Y lo otro es que toda esa madera de calidad, en algún momento tiene que ir a mueblerías. Hay que darle mayor valor agregado a todo eso.
En Posadas hay incipientes intentos de venta de muebles con maderas implantadas que se puede mejorar aún más.
Esto es parte del impacto social que pueden tener estos modelos de producción.
En el futuro Misiones tiene que tender a realizar este tipo de actividades:
el árbol siempre va a tener que existir y lo que antes se odiaba y tumbaba ahora hay que apreciar y darle valor para mantener las reservas nativas y que nuestros descendientes puedan conocer.
Empezar a crecer en ese tipo de actividad, donde la producción es más amigable con el medio ambiente, es el camino a seguir.
Estos datos están en un trabajo del Inta Cerro Azul y se llama Planificación estratégica del Estado provincial. Es un análisis muy profundo y abarca desde el año 1997 al 2023.

 ¿A qué apunta ese trabajo?

Si calculamos que pudiera haber 400 mil hectáreas reforestadas en sistemas silvopastoriles, eso implica a 1,5 cabezas de ganado por hectárea que sería una carga muy conservadora.
Tendríamos casi 600 mil novillos de engorde y eso genera un volumen de dinero muy alto.
Además, hay frigoríficos que pueden procesar esa carne de calidad que en el futuro puede ser valorada de otra manera.
Es una carne que proviene del confort del animal, es decir puede tener un precio diferencial en el futuro, hay países de Europa que ya lo pagan.
Si pensamos en la madera, el suelo protegido y 600 mil novillos de engorde para faena es un desarrollo zonal muy grande.
No solo en la provincia porque tampoco es fácil conseguir ese número de terneros.
Así también mejora Corrientes, Chaco y Formosa que tienen productores muchas veces sin posibilidad de hacer engorde por el estado sus campos.
Genera un desarrollo regional. Pensando en Misiones y pequeños productores

¿cuáles son los beneficios? 

Si un productor puede tener 10 novillos y tenemos mil productores, en una cuenca estamos hablando de 10.000 novillos.

Aquí radica la importancia del asociativismo, que los agrupe, le den asistencia técnica y de servicio y cuando el productor vende ese novillo se le descuentan los gastos. Ya hay experiencia de eso en la provincia y da un margen interesante de rentabilidad.
La otra cosa es el famoso efecto invernadero.
Al aumentar la calidad de la dieta de los animales hay una disminución de emisión de metano hacia la atmósfera.
Y por otro lado, al reforestar estamos fijando ese dióxido de carbono en productos como la maderas que va a ir para muebles que retrasan el tiempo para volver a la atmósfera al cumplir un ciclo en la tierra.

 ¿Estos sistemas pueden convivir con la tan alentada diversificación ? 

Un árbol frutal puede ser parte también de un sistema agroforestal porque es una leñosa cultivado para dar fruta, también genera sombra, protege el suelo y se puede sembrar otro cultivo abajo.
Lo que sí, este tipo de actividades tiene que responder a principios, primeros científicos y después técnicos. No se puede lograr con “un yo opino”, “a mí me gusta” o “yo digo” porque no se puede correr riesgo y menos hacerle correr riesgos al productor.
 En la producción de alimentos hay que ser muy cautos, tiene que haber un respaldo científico y técnico permanentemente para lograr efectividad y fuerte apoyo técnico al productor, esa conjunción es ideal.
 Si bien no hay que desperdiciar el bagaje de conocimientos prácticos que tiene el productor aún hay algunos tabúes que hay que ir desterrando de a poco.
Es un trabajo difícil pero se puede.
Para la provincia es importante porque hay más ingresos.
Por ejemplo, si en 1995 se lograban esas 400 mil hectáreas y 600 mil novillos, el valor bruto de ambos, a la salida del aserradero y del frigorífico sería de 1500 millones de dólares, lo que equivaldría a tres veces el presupuesto de ese entones.
El potencial está dado por el agua, tenemos tierra para hacer y otras que recuperar con este sistema.

 ¿Cómo ve el tema de los cultivos tradicionales? 

En yerba mate y té primero hay que olvidarse del precio y ver el negocio.
En el trabajo mencionado hay algunas medidas a tomar para mejorar esas producciones que tienen que ver con la eficiencia.
Por ejemplo, si el yerbal es muy viejo erradicarlo es lo más conveniente.

En este mundo donde la economía pasa por arriba hay que tener habilidad para lograr producciones que no dañen el ambiente y tengan rentabilidad y además, falta una mayor y mejor difusión de las producciones tradicionales.

 ¿Cambió la visión del productor misionero en estos años? 

Algo ocurrió. Cuando llegué a la provincia había 30 % de población urbana y el resto era rural.
En 1990/91 había un 50 % y 50 % y ahora prácticamente hay 70 % urbano y 30 % rural.
Es dura la vida en la chacra y si el productor no tiene un margen grande para poder dignificar su vida prefiere emigrar, lo que no es bueno.
Se pierden códigos, tradiciones y se van a un lugar donde no saben qué va a pasar.
Esto sigue ocurriendo, por eso estos tipos de producción y trabajo en su ámbito de vida que sean bien remunerados son necesarios para evitar la emigración.
Ahora, cambios se dan en algunos casos de Europa donde solo quedan los viejos y en otros países hasta la gente mayor no queda en el campo.
En Misiones ya estamos percibiendo un movimiento parecido donde los jóvenes se van de las chacras a buscar algo mejor.
Pero es un proceso no solo del agro sino cultural.

 ¿Y cómo está el productor con la aceptación de nuevas tecnologías? 

Hay un viraje a una mayor aceptación de las tecnologías. Hoy se trabaja más como extensión que asesoramiento.
Asesoramiento es cuando una persona pide ayuda para realizar un trabajo, el productor generalmente lo hace pero uno como Estado, Gobierno, Ministerio o Inta tiene que ir a motivarlo al cambio para que se dé, eso es la extensión.
Al productor le cuesta dar el salto porque arriesga mucho y es que si algo sale mal repercute en todo su sistema productivo y en su familia.
Por eso se aferra a eso que hizo su abuelo, su padre, porque sabe que de esa forma le van a salir las cosas pero a pesar de toda esta resistencia que es muy lógica se observa en los últimos años como un cambio.
No solo de aceptación de tecnología sino que vienen a preguntar qué se puede hacer y si bien por ahí tardan en tomarlo, la inquietud está latente.
Por otro lado, este productor está corrido por otra cosa: tiene un capital muy grande que es la tierra que vale muchísimo hoy, no puede seguir logrando 40 kilos de carne por hectáreas que tienen valor de 3000 dólares cada una.
Entra en otro sistema de producción más complejo para tener mayores ingresos.
Por eso gran parte de los campos del sur que tienen mucho valor para la forestación es ganadero y se está forestando para su incremento patrimonial.
Se vislumbran algunos muy entusiastas como que van a resurgir nuevamente.
Nadie tiene un crecimiento estable siempre, las crisis siempre están y por eso también es necesario preparar a los productores para enfrentar las crisis.
De ahí surge todo esto del plan estratégico.

 ¿Se está desarrollando ese plan? 

En realidad fue un trabajo que hice para el gobierno y que tenía plazos muy largos; iba desde 1997 al 2023 y, ahí estábamos sobreviviendo. Ahora quizás tengan vigencia las metodologías pero no las metas, eso habría que modificar.

 ¿Qué zona de la provincia se nota más el avance en silvopastoril? 

Hay un núcleo en Montecarlo y San Vicente, son como dos puntos pero en la zona sur por ejemplo, hay muchísimas forestaciones manejadas como silvopastoriles. En el norte de Corrientes también, hablo ya de región por la integración que tenemos.

 El perfil
• Santiago María Lacorte Ingeniero Agrónomo. Universidad de Buenos Aires. Magister en Producción Animal-Pasturas. 67 años de edad. Vive hace 42 años en Misiones.
Precursor de la Agencia de Extensión del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuario (Inta) Apóstoles.
Fue 10 años director regional en Misiones.
Luego se integró al equipo de forestales Inta, Montecarlo
En enero de 2012 se jubiló.

 Por Rita Saucedorsaucedo@elterritorio.com.ar 

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